julio 2014 – APYC

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Diez señales que anuncian la muerte

Trata de un tema serio, doloroso, al que casi todos nos hemos tenido que enfrentar alguna vez: las últimas horas de un ser querido.

La muerte, antaño omnipresente, permanece hoy escondida. Más del 80% de los fallecimientos tiene lugar en el hospital. Lejos quedan ya aquellos tiempos en los que los muertos eran velados en sus casas, en los que toda persona cercana, por no decir todos los vecinos del barrio, eran invitados a rendirle un último homenaje, esos tiempos en los que era frecuente ver a gente vestida de luto pasar en procesión por las calles detrás de un coche fúnebre.

Debido a estos cambios, muchos de nosotros ya no estamos en absoluto familiarizados con la muerte. Ya no sabemos cómo es ni sabemos cómo comportarnos ante ella.

Por esta razón, he decidido preparar este boletín, aunque pudiera en principio parecer algo macabro.

Nadie conoce el día ni la hora de su muerte ni la de sus seres queridos, pero por esa misma razón conviene estar preparado.

Por ello, le recomiendo que atesore con cuidado este boletín porque, el día en el que la muerte se aproxima, puedo asegurarle por experiencia que el simple hecho de saber qué está ocurriendo y cómo actuar permite controlar mejor la conmoción y el dolor terrible que pueden llegar a adueñarse de nosotros.

Voy a hablarle de los diez signos que anuncian la llegada de la muerte y de cómo reaccionar ante ellos. He cuidado mucho el mantenerme en el plano de los hechos, ya que las emociones que se suscitan pueden variar en función de la relación que cada cual pueda tener con quien está en el lecho de muerte (progenitores, hijos, pareja, hermanos, abuelos…).

1. Pérdida de apetito

Cuando se acerca la muerte, las necesidades energéticas disminuyen. El individuo empieza a resistirse o a negarse a comer y a beber, y sólo se presta a tomar pequeñas cantidades de alimentos sosos (como papilla de cereales). Lo primero que se rechaza es la carne, porque se digiere mal. Con la muerte al acecho, el individuo puede volverse incapaz de tragar.

Qué hacer: no debe forzarle a comer y deberá respetar las señales que da el yacente, por mucho que le pueda preocupar esta pérdida de interés por la comida. Ofrézcale con regularidad un poco de sorbete o de helado, o un sorbo de agua. Pase una toalla húmeda y caliente por el contorno de sus labios y póngale cacao en los labios para que estén húmedos y no le duelan.

2. Exceso de sueño y fatiga

Quién está viviendo sus últimas horas pasa dormido la mayor parte del día y de la noche mientras su metabolismo se ralentiza, y la falta de comida y de bebida contribuye a su deshidratación. Despertarlo se vuelve algo complicado, y el cansancio es tal que el individuo ya no alcanza a discernir bien lo que sucede a su alrededor.

Qué hacer: deje que duerma, evite despertarlo bruscamente. Parta del principio de que puede oír todo lo que usted diga, puesto que el oído sigue funcionando, aunque la persona esté inconsciente, o incluso durante el coma.

3. Debilitamiento

La falta de alimentos y el cansancio debilitan a las personas hasta el punto de que pueden volverse incapaces de levantar la cabeza o incluso de sorber por una pajita.

Qué hacer: céntrese en el bienestar del enfermo, ayúdele para que se encuentre confortable y se sienta acompañado.

4. Confusión

Los órganos, y entre ellos el cerebro, empiezan a dejar de funcionar. Hay pocas enfermedades que provoquen hiperagudeza (grado elevado de consciencia) cuando el final se acerca. Por lo general, los agonizantes dejan de saber dónde están con exactitud ni quién hay en la habitación. Cada vez hablan y responden menos, o hablan con personas a las que los demás no ven; puede parecer que dicen cosas sin sentido y pueden agitarse y rebuscar entre las sábanas.

Qué hacer: mantenga la calma y sea comprensivo. Hable con serenidad y recuérdele quién es usted cuando se acerque a él.

5. Dificultades para respirar

La respiración se vuelve irregular, complicada. Los pulmones y la garganta también pueden secretar en exceso, lo que produce ruidos fuertes en las inspiraciones y espiraciones. Este fenómeno se llama estertor.

Qué hacer: los problemas respiratorios pueden preocupar a quienes lo presencian, pero la persona que está en esta fase del final de su vida no es consciente de estas alteraciones de la respiración. De nuevo, céntrese en su bienestar. Hay posturas corporales que pueden ayudar: la cabeza ligeramente reclinada sobre una almohada, o sentarlo sujetándolo bien con unos cojines y un respaldo sólido, o tumbarlo ligeramente inclinado sobre el costado. Humedézcale la boca con una toalla húmeda o con un humidificador y échele cacao en los labios. Si desprende mucho flujo por nariz y boca, límpiele delicadamente sin intentar sonarle. Permanezca tranquilo cerca del enfermo, tiéndale la mano o háblele con suavidad.

6. Aislamiento social

A medida que el cuerpo deja de funcionar, quien está postrado pierde el interés por las personas que le rodean. Puede que deje de hablar, que farfulle de manera incomprensible, que deje de responder a las preguntas o que, simplemente, dé la espalda a quienes le acompañan. Unos días antes del fallecimiento, es posible que la persona sorprenda a sus seres queridos con una última muestra de alegría y afecto, que puede durar desde menos de una hora hasta un día entero.

Qué hacer: tenga en cuenta que es una parte normal de la senda de la muerte, que nada tiene que ver con la relación que usted tenga con esa persona. Mantenga la presencia física tocándole y sin dejar de hablarle, si se siente capaz de ello, pero sin esperar nada a cambio. Aproveche cualquier momento de lucidez, si llega, porque pronto se desvanecerá.

7. Disminución de las micciones (orina)

La escasa cantidad de bebida y el descenso de la presión sanguínea contribuyen a disminuir la actividad de los riñones. La orina se vuelve muy concentrada, oscura, rojiza o del color del té. También puede darse una pérdida del control de los esfínteres cuando la muerte acecha.

Qué hacer: puede suceder que el personal médico decida que hace falta un catéter (una sonda), pero no en las últimas horas de vida. La disfunción renal hace que aumenten las toxinas en sangre y puede contribuir a provocar un coma apacible previo a la muerte. Al cambiar las sábanas, ponga una sábana impermeabilizante sobre el colchón.

8. Hinchazón en pies y tobillos

Cuando el funcionamiento de los riñones se ralentiza, puede producirse una retención de líquidos en el cuerpo, sobre todo en las zonas más alejadas del corazón, como los pies y los tobillos. Estas zonas, así como las manos y la cara, pueden llegar a hincharse.

Qué hacer: por lo general, no suele aplicarse ningún tratamiento concreto (como diuréticos, por ejemplo) para estos hinchamientos relacionados con la agonía. Es consecuencia natural de la proximidad de la muerte.

9. Extremidades frías

Durante las horas o los minutos previos a la muerte, la circulación sanguínea se aleja de la periferia del cuerpo y se centra en los órganos vitales. Mientras esto sucede, las manos, los pies y los dedos se enfrían y las uñas pueden volverse pálidas o azuladas.

Qué hacer: una manta caliente puede ayudar a preservar el bienestar de quien agoniza y a mantenerlo consciente. Podría quejarse del peso, de modo que no se la ajuste demasiado.

10. Venas veteadas

La piel, que antes era uniformemente pálida o de color ceniza, empieza a mostrar vetas violáceas o azuladas. Es uno de los signos de que la muerte es inminente, como resultado de la ralentización de la circulación sanguínea. Las vetas suelen aparecen primero en las plantas de los pies.

Qué hacer: no hay nada que deba hacer al respecto, salvo saber que es parte del proceso natural de la muerte y no sorprenderse por ello.

Nota: los signos que anuncian la muerte y que acabo de mencionar describen un proceso de muerte natural, que puede variar de una persona a otra. Si se mantiene a una persona con vida de manera artificial (mediante un respirador o tubo de alimentación), el proceso puede ser diferente.

Conocer todos estos signos puede ayudar a enfrentarse a este doloroso momento sin estar más desamparado aún de lo que ya se está. Y si hoy usted no necesita esta información, siéntase dichoso por saber que sus seres queridos tienen buena salud y disfrute de cada instante en el que las personas a las que quiere siguen gozando de una vida llena de energía a su lado.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Mal aliento, ojeras, boca pastosa… 3 signos de alerta que obligan a actuar

Boca pastosa, ojeras, mal aliento… La triste realidad es que estos males nunca vienen solos.

Las personas que los padecen también sufren, por lo general, de fermentación intestinal, gases y vientre hinchado después de las comidas, ictericia, náuseas, dolores de cabeza, sofocos e insomnio entre la una y las tres de la mañana.

Y esto no es bueno. Según la naturopatía, que busca restablecer la salud reequilibrando el estilo de vida, estos signos son sintomáticos de falta de bilis, lo que puede tener implicaciones graves a largo plazo.

Los naturópatas proponen soluciones naturales para estimular la producción de bilis. Ahora las voy a exponer, pero primero permítame que le explique qué es la bilis exactamente.

La bilis: un líquido inteligente y ecorresponsable

La bilis es uno de los productos más inteligentes que produce el cuerpo. Lo fabrica el hígado a base de desechos que obtiene de la sangre. En efecto, la sangre está cargada de bacterias, toxinas alimentarias, alcohol, microbios, células muertas, amoníaco, restos de medicamentos, pesticidas y hormonas ya utilizadas y degradadas por el organismo. El hígado lo recupera todo (hasta el 100% de las impurezas cuando funciona correctamente) y lo descompone gracias a unas enzimas.

Después, evacúa estos desechos y los manda al tubo digestivo en un líquido llamado bilis. Y esta bilis, lejos de ser inservible, desempeña un papel crucial en la digestión, encargándose de romper las grasas en pedacitos minúsculos para que puedan ser absorbidas por el intestino.

Si se situara usted a la salida del estómago, en el lugar por el que la comida cargada de grasas pasa al intestino, vería llegar un chorro de bilis que convierte estas grasas en espuma (emulsión), como si fuera el líquido del lavavajillas.

La comida indigesta, pesada y grasienta se vuelve ligera, de forma que puede viajar con tranquilidad por el intestino y todos los nutrientes buenos pueden ser asimilados en la sangre.

Por último, y ya que el hígado usa también el colesterol para fabricar los ácidos biliares, una generosa producción de bilis comportará un descenso del nivel de colesterol en sangre.

Esto es lo que sucede cuando el hígado funciona correctamente y la secreción de bilis es abundante.

Cuando el hígado no funciona bien

Por desgracia, si el hígado trabaja mal y no produce suficiente bilis, surgen los siguientes problemas:

  1. las toxinas de la sangre no son evacuadas de manera correcta. Se estancan en el organismo y en el hígado, lo que puede llegar a provocar una serie interminable de enfermedades tales como alergias, asma, enfermedades autoinmunes, depresión, enfermedades cardíacas, obesidad, fatiga crónica e incluso cáncer, entre otras.
  2. aumenta el nivel de colesterol.
  3. la digestión se altera y causa dolores de tripa, náuseas, migrañas después de comer, boca pastosa, mal aliento, tez y ojos amarillentos, bolsas en los ojos e insomnio.
  4. la bilis se estanca en una bolsa que hay entre el hígado y el intestino, la vesícula biliar. Se espesa y los desechos empiezan a acumularse para formar pequeños cálculos (piedras) que van aumentando poco a poco de tamaño. Con el tiempo, la vesícula se vuelve perezosa y el trasvase de bilis al intestino se ralentiza todavía más. Algunos cálculos salen de la vesícula y se atascan en los canales, provocando episodios muy dolorosos. En este punto, la extirpación de la vesícula biliar se convierte en la única solución.

Como ha visto, si sufre los síntomas antes mencionados, tiene cuatro razones de peso para preocuparse de inmediato por el funcionamiento de su hígado. Así podrá evitar multitud de enfermedades, su digestión se repondrá, se deshará de todos los problemas causados por una mala digestión de las grasas y, por último, evitará la formación de cálculos biliares y se ahorrará una operación quirúrgica.

Estimular el funcionamiento del hígado y la secreción de bilis

La primera planta que hay que tomar es la alcachofa.

Se ha demostrado que la alcachofa tiene la propiedad de hacer aumentar la producción de bilis, hasta tal punto que está contraindicada para los casos de obstrucción de las vías biliares, porque estimular su secreción podría causar problemas graves. (2)

Conocida desde la antigüedad por sus efectos sobre la digestión, la alcachofa entra en la composición de muchos preparados tradicionales de la medicina europea pensados para estimular la producción de bilis. Hacia mediados del siglo XX, unos italianos aislaron de la alcachofa un compuesto que llamaron cinarina y que se empleó hasta la década de 1980 tanto para estimular el hígado y la vesícula biliar como para reducir los niveles de colesterol. A partir de entonces, la cinarina se sustituyó por medicamentos sintéticos.

¿Cómo tomar la alcachofa?

Tradicionalmente, los productos de herbolario a base de alcachofa se presentaban en forma de hojas frescas o secas, como zumo exprimido de la planta entera o como diferentes extractos líquidos o sólidos.

Hoy en día se pueden encontrar extractos estandarizados al 5% de concentración de cinarina y extractos secos de hojas de alcachofa en comprimidos o cápsulas.

Según una investigación llevada a cabo en 454 individuos y también según un estudio doble ciego con placebo sobre 244 pacientes, el extracto de alcachofa (640 mg al día en dos dosis) alivia los malestares de la digestión que están ligados a un mal funcionamiento de la vesícula biliar y del hígado. (3) (4)

Otra serie de estudios de gran alcance ha demostrado que la alcachofa reduce los problemas digestivos sin provocar efectos indeseados. (5)

Coma verduras amargas

Las sustancias amargas, como las de la alcachofa, la escarola, las endibias, las espinacas, el diente de león, la rúcula y el cardo mariano se utilizan en herboristería para tratar los problemas de la bilis.

Por lo general, este efecto positivo se atribuye a los flavonoides que contienen estas plantas.

El problema estriba en que las variedades que se seleccionan para su comercialización están cada vez más desnaturalizadas, porque el público ya no soporta el amargor como antaño.

Sin embargo, quizás tenga algo más de suerte y encuentre especies tradicionales no cribadas de estas plantas –y por lo tanto más amargas– si acude a una tienda de productos ecológicos.

El extracto de raíz de jengibre estimula la producción de bilis

La raíz de jengibre lleva mucho tiempo empleándose para facilitar la digestión. Está en cientos de recetas tradicionales chinas que buscan compensar con ella los efectos de ingredientes potencialmente tóxicos.

La raíz de jengibre contiene monoterpenoides, sesquiterpenoides y gingeroles, todos ellos con propiedades altamente antioxidantes y que ayudan al hígado a hacer su trabajo de descomposición de toxinas.

Varios experimentos han demostrado que el jengibre aumenta el nivel de enzimas colesterol-7-hidroxilasa, que estimulan la transformación del colesterol en ácido biliar, por lo que disminuye el nivel de colesterol en sangre y potencia la secreción de bilis.

El jengibre puede añadirse a casi cualquier plato o bebida que pueda imaginar. No es caro, puede conservarse varias semanas en la nevera y podrá, con el rallador, echarle una pizca a cualquier comida. Su sabor es muy agradable y fresco, y sus propiedades van más allá de la producción de bilis.

Fabrique un poco más de bilis

Y esto es todo por el momento. Estos consejos deberían ayudarle a que su organismo produzca más bilis, en el caso de que usted lo necesite. Su salud y su bienestar se verán favorecidos en todos los aspectos.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

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Las 8 reglas de alimentación del paleolítico que debemos recuperar

Eche un vistazo a su alrededor. Siempre que nos hablan de hacer dieta, el discurso viene acompañado de:

  • un libro que hay que comprar (o un CD o un DVD).
  • sesiones (de pago) a las que asistir.
  • alimentos de una marca en concreto (que debe comprar).
  • una máquina para hacer ejercicio (que debe comprar).

Y si no se está buscando directamente que compremos algo, es porque lo que estemos haciendo (escuchar la radio, ver la televisión o leer una revista o una página web), está plagado de publicidad por todas partes ¡para que compremos!

Así funciona el mundo. Pero ahora va a poder leer usted una opinión completamente desinteresada sobre las dietas.

La mayoría de las dietas se basan en el marketing, pero hay una que lo hace basada en la ciencia, y no es otra que la dieta paleolítica. Consiste en comer en la medida de lo posible lo mismo que nuestros antepasados antes del descubrimiento de la agricultura.

La agricultura, y por tanto el consumo de cereales, comenzó para la mayoría de la gente hace 5.000 años, lo que es extremadamente poco tiempo en la escala de la humanidad. Nuestros organismos no han podido aún adaptarse, si comparamos el periodo de tiempo que ha transcurrido desde entonces hasta ahora con los millones de años que nuestros antepasados cazadores-recolectores llevaban alimentándose de los animales que cazaban o pescaban y de fruta, verduras, huevos, frutos de todo tipo, semillas, raíces y algunas hojas, flores y brotes.

No tenían forma alguna de cosechar ni producir grandes cantidades de harina, por lo que comer mucho pan, pasta, galletas y pasteles era sencillamente imposible. Por su parte, los animales no se criaban a gran escala ni se alimentaban de maíz como ahora. Los pollos no picoteaban ni maíz ni pienso a base de soja, como ocurre hoy en día, sino que removían la tierra en busca de lombrices, semillas y verduras.

Así que partiendo de la forma de alimentarse de nuestros antepasados, le presento a continuación 8 reglas para comer bien y estar sano. Tenga en cuenta que, además, cumplir estas normas le hará alcanzar su peso ideal y, por tanto, le hará engordar si se encuentra demasiado delgado, y adelgazar si se encuentra demasiado gordo.

Regla nº 1: conozca la diferencia entre los glúcidos buenos y malos

Sin duda, este punto es clave, especialmente porque durante los años ochenta y noventa se nos insistió en que diferenciásemos entre azúcares lentos y azúcares rápidos, que hoy sabemos que era erróneo.

Por ejemplo, se nos enseñó que el pan, la patata y la pasta son “azúcares lentos”.

En realidad, estos tres alimentos se encuentran entre los que más rápidamente se transforman en glucosa en nuestro intestino. Suben nuestro nivel de azúcar en sangre casi tan rápido como el jarabe de glucosa puro, incluso estando elaborados a partir de cereales integrales. Su consumo aumenta el nivel de insulina y el almacenaje de grasas malas, sobre todo las grasas abdominales y viscerales, que son pésimas para la salud. Aumentan la resistencia a la insulina y pueden provocar diabetes y síndrome metabólico (este síndrome, que antes se conocía como “síndrome X” o “síndrome de Reaven”, se caracteriza por la intolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina, hiperinsulinemia, aumento de triglicéridos, disminución del buen colesterol (HDL) sobrepeso u obesidad e hipertensión arterial).

La mayoría de los cereales contienen gluten, lo que puede producir una inflamación crónica y dañar el sistema intestinal, provocando una mala absorción de nutrientes esenciales (vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales) y por ello una potencial desnutrición. La desnutrición conlleva por su parte un riesgo alto de enfermedades crónicas.

Vayamos al grano: nuestro cuerpo y nuestro cerebro necesitan glúcidos, incluso podríamos decir que necesitan muchos glúcidos. Pero la mejor fuente de glúcidos son las verduras, en particular las de hojas, las coles de todo tipo, las verduras de raíz y tubérculos como el boniato. Tome verdura en cada comida. Si no sabe cómo prepararla, siempre puede cocinarla al vapor, acompañada de hierbas, especias, sal y pimienta y un chorrito de aceite de oliva.

Otras fuentes buenas de glúcidos son las frutas, en concreto los pequeños frutos rojos y oscuros. Opte siempre por piezas de fruta antes que zumos.

Por el contrario, los cereales, los glúcidos transformados de forma industrial (galletas, siropes, pasteles, dulces, barritas de cereales, chocolatinas, cereales del desayuno) y por supuesto el azúcar (blanco o moreno) se deben consumir lo menos posible.

Regla nº 2: tome proteínas y fibras en cada comida

Se debe favorecer el consumo de proteínas procedentes de fuentes de buena calidad, como la carne de vaca alimentada a base de hierba, los huevos ecológicos, el pescado y el marisco. Evite el pescado de piscifactoría y la carne de animales cebados a base de cereales.

Con respecto a la fibra, tome verduras frescas, ecológicas, tanto crudas como cocidas, ya que algunos compuestos antioxidantes se absorben mejor después de la cocción y algunos compuestos contra el cáncer se destruyen con el calor. Acompañe siempre las verduras con materias grasas, por ejemplo, un chorrito de aceite de oliva, que permiten absorber todavía más cantidad de polifenoles y antioxidantes.

Regla nº 3: desconfíe de los azúcares escondidos

La mayoría de los condimentos y salsas preparadas contienen azúcar o jarabe de glucosa. Por ejemplo, el kétchup, las vinagretas “ligeras”, la salsa rosa y, por supuesto, los helados y refrescos.

Lea las etiquetas de los productos. Los fabricantes tienden a añadir jarabe de glucosa por todas partes, ya es que extremadamente barato, los productos se conservan bien y su transporte es sencillo. Pero para usted, por el contrario, es un producto del que sin duda alguna debe huir.

Los edulcorantes artificiales que están a la venta plantean otros problemas. Son productos químicos que en general no tienen nada bueno que ofrecer a nuestro organismo, y más vale evitarlos también. El azúcar es adictivo, por lo que cuanto más se tome, más se va a querer. Pero la buena noticia es que a la inversa funciona de la misma manera, por lo que cuanto menos azúcar tome, menos lo tolerará y así, de forma natural, sin hacer ningún esfuerzo, querrá evitarlo.

Por el contrario, no hay ningún problema en añadir una gota de stevia en el café de la mañana, o cuando necesite un toque dulce en su plato.

Regla nº 4: evite las conservas y las botellas de plástico

Contienen bisfenol A o compuestos parecidos, que tienen efectos cancerígenos y que perturban el sistema hormonal.

Elija productos frescos o congelados.

Regla nº 5: coma huevos

Tome huevos y olvide lo que nos han contado sobre el daño que hacen las yemas. Sí, son ricos en colesterol, pero el colesterol de la sangre lo produce nuestro hígado a partir de la glucosa y apenas le influye el consumo de alimentos ricos en colesterol.

En cambio, la yema del huevo contiene antioxidantes, micronutrientes, vitaminas liposolubles y favorece la producción de hormonas que van a quemar el exceso de grasas.

En el desayuno, pruebe de vez en cuando a tomar unas verduritas pasadas ligeramente por la sartén con un poco de aceite, más dos huevos cocidos o en tortilla.

Regla nº 6: hierbas y especias por todas partes

Las hierbas aromáticas y las especias están cargadas de antioxidantes, mucho más incluso que gran parte de las verduras y frutas. Además, proporcionan buen sabor a la comida, reduciendo así la búsqueda de satisfacción gustativa en snacks, postres y caramelos.

El jengibre, la cúrcuma, el pimentón, la canela, el cardamomo o el comino van bien con un número increíble de platos. Pruébelas con todo, incluidas las sopas, ensaladas, carnes en salsa y platos de verduras.

Regla nº 7: evite los aceites de maíz, girasol, soja, cártamo, germen de trigo y semilla de uva

Estos aceites, ricos en ácidos grasos omega-6, tienen una calidad nutritiva pobre.

Opte mejor por el aceite de oliva y explore toda clase de vinagres para modificar los sabores de sus vinagretas.

Regla nº 8: aumente sus aportes en vitamina D

La vitamina D es el nutriente más importante. En España, pese a tener un clima en principio propicio para que se pueda producir una adecuada síntesis de vitamina D por exposición solar, el déficit de vitamina D entra dentro de lo alarmante. El mínimo necesario para estar sanos es de 30 nanogramos/ml y el nivel óptimo se sitúa entre los 50 y los 65 nanogramos/ml.

Las yemas de huevo, el pescado azul y las vísceras son las mejores fuentes alimenticias de vitamina D, pero casi nunca son suficientes. La única solución efectiva es exponer al sol todos los días al menos las tres cuartas partes de la piel y durante unos 20 minutos, pero incluso esto no es suficiente, ya que en nuestra latitud en invierno los rayos de sol son en cualquier caso demasiado oblicuos. Sólo un complemento alimenticio de vitamina D3 (como mínimo 4.000 UI al día para los adultos) le permitirá mantener el nivel adecuado.

Con estas ocho pautas de alimentación mejorará drásticamente su salud a través de la alimentación. Se trata de un plan de acción amplio, lo sé, pero comience introduciendo con calma todos los cambios que pueda en su estilo de vida.

Y de todas maneras, cuente conmigo para seguir acompañándole y para recordarle que debe cuidar de su salud.

¡A su salud!

Juan-M Dupuis