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Qué debe comer para evitar el cáncer

Imagine que dejar de consumir ciertos alimentos pudiese llevar a las células cancerosas hasta la inanición…

De esta forma, el tumor que está en pleno crecimiento se detendría de inmediato. Al estar privado de alimentos, empezaría a consumirse y encogerse, hasta desaparecer. Según algunos investigadores, en algunos casos este sueño puede llegar a convertirse en realidad.

Ahora verá qué es lo que necesitan las células cancerosas para subsistir.

Las células pueden funcionar gracias a dos combustibles

Las células disponen de dos tipos de combustible: la glucosa y los ácidos grasos. Las células tienen que quemar estos combustibles para transformarlos en energía celular (ATP o adenosín trifosfato). Para ello necesitan oxígeno, que les llega a través de la respiración y la sangre.

El combustible y el oxígeno se queman en el interior de la célula, en las mitocondrias, que son unas “minifábricas” ubicadas dentro de las células y encargadas de producir la energía celular. Las mitocondrias pueden funcionar o bien con oxígeno y glucosa, o bien con oxígeno y ácidos grasos.

Cuando el oxígeno escasea

Sin embargo, las mitocondrias no disponen siempre del oxígeno suficiente. Por ejemplo, cuando corremos muy rápido y nos falta el aire, a nuestras células les falta oxígeno.

Por suerte, podemos seguir corriendo a pesar de todo, ya que nuestras células son también capaces de producir energía sin oxígeno, mediante un proceso metabólico intracelular anaeróbico, que les permite funcionar cuando no hay oxígeno. Sin embargo, sólo es posible con glucosa (y no con ácidos grasos).

Las células cancerosas son adictas a la glucosa

Las células cancerosas, que son muy agresivas, se reproducen con rapidez y pueden abundar en una misma zona, prefieren el metabolismo intracelular anaeróbico para poder funcionar.

Pero por otro lado, éste no es posible con los ácidos grasos, lo que significa que las células cancerosas requieren un gran aporte de glucosa. De hecho, necesitan 20 veces más glucosa que una célula sana. Hasta tal punto es así que el escáner PET (que es el que permite ver un tumor tras inyectar material radiactivo en una vena, que captan las células del cáncer y el escáner transforma en imágenes) puede servir para detectar el cáncer en un organismo observando únicamente aquellas células que consumen más glucosa.

Así, a las células cancerosas lo único que les interesa es encontrar glucosa a cualquier precio, como si fueran toxicómanos, y como tales se olvidan de su entorno.

Cuando sólo disponen de ácidos grasos, están abocadas a la inanición. De esta forma, la producción de energía celular desciende y las células cancerosas pierden su agresividad y su capacidad multiplicadora.

No ocurre lo mismo con otras células del cuerpo (como las del cerebro, el corazón y otros músculos), capaces de sobrevivir únicamente gracias a los ácidos grasos, pues su comportamiento es menos frenético.

Cáncer en cascada

La glucosa es, por tanto, el verdadero combustible de las células cancerosas. Además, la ingesta excesiva de azúcar también incrementa el riesgo de cáncer por otras vías:

  • El metabolismo anaeróbico de glucosa en las células produce ácido láctico, que a su vez produce una acidificación de los tejidos cancerosos, lo que favorece aún más el crecimiento del tumor.
  • A mayor ingesta de azúcar, mayor será su nivel de azúcar en sangre y más insulina fabricará su páncreas. Y es que la insulina estimula la producción de una molécula llamada Insulin-like growth factor-1 (IGF, factor de crecimiento similar a la insulina), una potente hormona responsable de la proliferación no sólo de las células sanas, sino también de las cancerosas.

Esto es lo que ha llevado a varios investigadores a proponer un régimen sin glúcidos, llamado régimen cetógeno, para ayudar a los pacientes con cáncer.

Régimen sin glúcidos contra el cáncer

En 2007, la doctora Melanie Schmidt y el biólogo Ulrike Kämmerer llevaron a cabo un estudio clínico con pacientes enfermos de cáncer en el hospital de Wüzburg, en Alemania. Los pacientes siguieron un régimen cetógeno, muy pobre en glúcidos y rico en grasas y proteínas. Nada de azúcares, cereales, pasteles, pasta, arroz, patatas, muy poca fruta, sólo carne y pescados grasos, huevos enteros, nueces, aceite de oliva y de lino y ciertas verduras.

Pero esto no era novedoso. Ya en 1924, el doctor Otto H. Warburg (premio Nobel en 1931) había publicado sus observaciones sobre los tumores y concluía así: “Una alimentación rica en glúcidos estimula enormemente el crecimiento de las células cancerosas“.

Los dos investigadores de Würzburg se toparon entonces con un gran escollo. El hospital sólo les autorizó probar el régimen cetógeno en aquellos pacientes que hubiesen agotado todas las terapias convencionales contra el cáncer: cirugía, radiación, quimioterapia e incluso terapias alternativas como la hipertermia y la autohemoterapia (sangre venosa reinyectada por vía muscular).

Es decir, que los pacientes ya se encontraban en muy mal estado de salud. Padecían cáncer de ovarios, de mama, de las glándulas parótidas, de huesos, de páncreas, de tiroides, de esófago y tumores agresivos del sistema nervioso resistentes a los tratamientos clásicos. Dos de ellos fallecieron en menos de un mes tras el inicio del estudio, otro lo dejó porque consideraba excesivamente difícil privarse de bebidas azucaradas y cereales, y otros seis lo dejaron por motivos personales. Otros dos pacientes dejaron prematuramente el estudio debido a un empeoramiento brusco de su estado de salud.

Sin embargo, los cinco pacientes que siguieron el régimen sin glúcidos durante tres meses mostraron resultados positivos. Los pacientes siguieron con vida, su condición física se estabilizó o mejoró, su tumor dejó de crecer y la enfermedad consiguió estabilizarse.

La eficacia del régimen cetógeno reside en el riguroso seguimiento de una alimentación lo más pobre posible en glúcidos (azúcares). Cuando los glúcidos escasean, el cuerpo produce cuerpos cetónicos derivados de las grasas que pueden proporcionar energía al cuerpo y al cerebro, pero un tipo de energía apenas utilizada por las células cancerosas. Bien es cierto que, en el estudio de los investigadores de Würzburg, sólo dos pacientes consiguieron reducir suficientemente su consumo de glúcidos como para producir abundantes cuerpos cetónicos. Estos resultados preliminares son en cualquier caso destacables y los investigadores dejan entrever una solución alternativa para el tratamiento del cáncer sin esperar a que se llegue al estado terminal de la enfermedad. (1)

Dos niños que se han beneficiado de la dieta cetógena

La primera experiencia humana con dieta cetógena aplicada en un tratamiento contra el cáncer la realizó en 1995 la oncóloga Linda Nebeling en dos niños que padecían tumor cerebral. Linda Nebeling trabaja actualmente en el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos.

Los dos reaccionaron de manera positiva, y en uno de ellos la progresión de la enfermedad se detuvo totalmente.

Resulta imposible sacar conclusiones generales a partir de una muestra tan reducida. Sin embargo, multitud de equipos médicos de todo el mundo se interesan hoy por el régimen cetógeno.

En 2012, el doctor Thomas Graeber, profesor de farmacología molecular y médica, publicó con sus compañeros de equipo un estudio que mostraba que la privación de glucosa activa un bucle de amplificación metabólica y de señalización que conduce a las células cancerosas a la muerte. (2)

Diversos estudios publicados en verano del 2013 en la revista Plos One señalan que las ratas cancerosas sometidas al régimen cetógeno mejoraban su supervivencia en comparación con un grupo testigo no sometido a ese régimen.

Combinado con un tratamiento mediante oxígeno hiperbárico, consistente en saturar las células cancerosas con oxígeno, la supervivencia de los animales aumentó en un 78 %. (3)

Estos resultados abren sin duda una vía de esperanza para los enfermos.

Advertencias indispensables

Hay que tener en cuenta que el régimen cetógeno causa algunos problemas, hasta el punto de que no debe seguirse sin supervisión médica. Puede provocar fatiga severa, porque el cuerpo necesita habituarse a este nuevo funcionamiento de las reservas de azúcar. El régimen cetógeno presenta también un déficit de:

  • fibra: provoca estreñimiento (o, paradójicamente, diarrea), que se puede contrarrestar con la ingesta de complementos alimenticios a base de fibras como el psilio o la pectina.
  • potasio: la mayor parte del potasio nos llega de las frutas y verduras, fuentes de glúcidos. Por ello debe tomarse un complemento de potasio o primar la ingesta de verduras pobres en glúcidos (col rizada, espárragos, berenjenas, pepino, brócoli, apio, lechuga, puerros y berros) y los aguacates.

Pero, sobre todo, el régimen cetógeno no debe seguirse en los siguientes casos:

  • insuficiencia renal, hepática o cardiaca, así como en caso de infarto reciente.
  • diabetes insulinodependiente y no dependiente sin supervisión médica.
  • durante el embarazo y la lactancia.
  • por cualquier persona durante más de 4 semanas sin supervisión médica.
  • en periodo de crecimiento (niños y adolescentes).
  • durante un tratamiento diurético o con corticoides sin supervisión médica.
  • en caso de trastornos del comportamiento alimentario.
  • después de una intervención quirúrgica.
  • en caso de enfermedad metabólica de los ácidos grasos (porfiria, déficit de piruvato carboxilasa y otras enfermedades genéticas raras).

Reduzca su riesgo a contraer cáncer

Sin tener que llegar a un régimen cetógeno, una alimentación pobre en glúcidos resulta beneficiosa tanto para prevenir el cáncer como para mejorar su tratamiento. Esto es lo que hay que hacer para reducir el riesgo de alimentar un tumor hambriento de glucosa:

  • reduzca su consumo de alimentos transformados e industriales, como los platos preparados, las harinas refinadas (blancas) y los alimentos que se fabrican con ellas (pan de molde, pan blanco, bollería y pastas blancas), así como las bebidas azucaradas y zumos.
  • coma cereales en cantidades que se adapten a su actividad física (puede evitar comerlos si no hace deporte).
  • haga de su plato una paleta de colores: verduras y frutas variadas en color son ricas en antioxidantes y disminuyen las inflamaciones (arándanos, uva roja, tomates y verduras verdes). Hay varias excepciones, por supuesto, como la coliflor, el rábano silvestre y los espárragos, que aunque son blancos resultan excelentes para la salud.
  • evite en la medida de lo posible las parrilladas y las frituras.
  • priorice los productos grasos de gran calidad: pescado graso pequeño, nueces de todo tipo, aceite de oliva virgen extra, aguacates, huevos ecológicos (enriquecidos con omega 3 si es posible).
  • evite los productos grasos industriales (vinagretas, mayonesas de todo tipo y, por supuesto, todas las galletas de aperitivo tostadas y saladas).
  • adapte su modo de vida para reducir las causas de estrés; cambie de trabajo, de ciudad y de actividades si éstas no le permiten llevar una vida suficientemente relajada.
  • reduzca el uso de productos tóxicos que puedan penetrar en su cuerpo (productos de limpieza, barnices, colas y plásticos).
  • tome una o dos copas de buen vino al día, a poder ser tinto.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Vuelta al cole… ¡vuelven los piojos!

¿Quién no se ha sentido desesperado al comprobar que los piojos han llegado de nuevo a la cabeza de uno de sus hijos? Repulsión, impotencia, agotamiento… son las palabras que surgen al hablar con otros padres sobre el tema. Y no hay más que buscar un poco en internet y ver las conversaciones en los foros para comprobar el nivel de desesperación y las miles de llamadas de socorro pidiendo consejos al ver que ningún producto es efectivo.

¿Histeria colectiva? ¿Exageración? Ciertamente, no. Cualquiera que haya pasado por ello podrá contar historias de horror sobre:

  • El dineral gastado en productos (muchos productos de farmacia vienen en lotes de loción + champú + loción preventiva, e incluso hay sprays para tratar peluches y sofás, entre 10 y 20 euros cada uno), que hay que usar varias veces. Y también adquirir peines para retirar piojos y liendres, algunos eléctricos (entre 20 y 30 euros).
  • Cómo todos los miembros de la familia fueron cayendo unos tras otros víctimas de los piojos.
  • El tiempo y la energía consumidos poniendo en la lavadora sábanas, edredones, almohadas, colchas, toallas y ropa día sí y día no.
  • La imposibilidad de librarse de los piojos… ¡durante meses!

La pediculosis (infestación por piojos) afecta de forma general a entre el 1 y el 3% de la población en los países desarrollados. Eso son muchos millones de piojos. Y puede dispararse en los colegios hasta el 25% de los alumnos y profesores, o incluso el 50% en algunas ocasiones.

Y es que hay que inclinarse ante el pequeño piojo. No sólo por ser capaz de provocar una verdadera alarma social (hay estudios que incluso constatan los efectos psicológicos traumáticos en niños y cuidadores), sino también por su capacidad de atravesar los siglos alegremente, sin el menor peligro de extinción, y de haber generado todo un sector económico dedicado a su lucha. (1) (2)

¿No le empieza ya a picar la cabeza?

El piojo acompaña al hombre desde tiempos remotos. Se han encontrado piojos y liendres en momias egipcias de 5.000 años a.C., e incluso en restos humanos de más de 10.000 años; pero hay estudios que indican que antepasados del piojo que conocemos hoy ya parasitaban al Homo Sapiens. ¡Y de eso hace miles de años! Da vértigo.

Y es que el piojo (Pediculus humanus capitis) ha encontrado en las cabezas humanas un hábitat ideal que le ha permitido sobrevivir al paso de los siglos sin sobresaltos. Allí tiene una temperatura y una humedad estables, acceso ilimitado al alimento (la sangre humana que succiona efectuando una picadura en el cuero cabelludo), tranquilidad para estar con su pareja y reproducirse, soporte para sus huevos y ausencia de depredadores. ¡El hogar perfecto!

Nuestros parásitos por excelencia son insectos de seis patas, sin alas (no vuelan) y se alimentan exclusivamente de la sangre humana. La hembra pone los huevos (liendres) adheridos a la raíz del cabello, donde eclosionan unos 6 días más tarde, y tan pronto salen del cascarón las ninfas tienen a su disposición toda la comida que necesitan, que les permite llegar a convertirse en adultos unos 7 días después, buscar pareja y reproducirse en un ciclo que dura entre 22 y 25 días.

A su nivel, los piojos también son sibaritas. Prefieren el pelo limpio al sucio y el liso al rizado. Les resulta indiferente la longitud del pelo o el tipo de peinado y no tienen preferencia en ninguna clase social a la hora de elegir a sus hospedadores.

Sabemos que nuestros antepasados también querían librarse de los piojos: los primeros peines para quitar liendres y piojos (las famosas lendreras) datan de 1.500 a.C. Y son prácticamente iguales que los actuales.

¿Seremos capaces nosotros de vencer al piojo en el s.XXI?

El piojo, la nueva gallina de los huevos de oro

Entonces, ¿qué hacer? ¿Gastarse dinero y más dinero en cubrir las cabezas de nuestros hijos de sustancias agresivas, potencialmente peligrosas y que además crean resistencias en los piojos (es decir, que los hace resistentes a la acción de los tratamientos, que dejan de ser eficaces)? Y que además destrozan el pelo, dejándolo seco y estropajoso, difícil de recuperar.

Sin olvidar que no se trata sólo de las cabezas de los niños, porque los piojos se instalan también en la de los adultos, a menudo contagiados por sus hijos.

Una simple visita a la farmacia permite constatar el gran mercado que mueven los piojos. La variedad de productos, marcas, laboratorios, presentaciones y formatos es ingente. En realidad pueden dividirse en dos grupos: el primero, el de los neurotóxicos, que contienen moléculas que actúan sobre su sistema nervioso (malatión, piretrinas…) y el segundo, el de los productos que actúan de forma mecánica, obstruyendo las vías respiratorias del piojo y haciendo que mueran por asfixia y deshidratación.

Los primeros son bastante agresivos para el cuero cabelludo y el medio ambiente, y algunos tienen un riesgo adicional: ¡no se le ocurra secarse el pelo con secador o encender un cigarrillo después de haberlo aplicado, porque puede terminar con quemaduras! Además, crean resistencias en los piojos. Los segundos son menos agresivos para el cabello y su entorno pero son menos mortíferos e igual de caros.

Y es que el precio de los productos no es una cuestión menor: si el pelo a tratar es largo y abundante hay que contar un frasco por aplicación y persona. Si lo multiplicamos por todos los miembros de la familia y por el hecho de que hay que repetir el proceso varias veces, el presupuesto comienza a dispararse.

Todo ello hace que estos productos se hayan convertido en una línea de negocio extremadamente rentable para la industria farmacéutica, que reacciona con ferocidad cuando algún especialista serio pone en duda la eficacia de sus productos. Así, una de las mayores expertas mundiales en el piojo, la doctora Catherine Combescot, investigadora en el CNRS francés y profesora en la universidad de Tours, que ha criado miles de piojos en su laboratorio para observar su comportamiento y evaluar la eficacia de los tratamientos – ¡da miedo sólo pensar en entrar en él!- tuvo la osadía en el pasado de citar marcas de productos y pronunciarse sobre su efectividad. Pero hoy difícilmente concede entrevistas y se niega a dar nombres.

Hay otra posibilidad de lucha contra el piojo, otro subsector económico que está en plena expansión y que ha llegado hace poco tiempo a las ciudades españolas procedente de Estados Unidos, donde hay un auténtico boom.

Se trata de las empresas dedicadas a retirar los piojos, a domicilio o en sus propios locales. Aprovechando la falta de tiempo en la sociedad actual, estas empresas cuentan con empleados que retiran los piojos con aparatos que los aspiran (o proyectando sobre la cabeza aire más caliente que el de un secador para matarlos). Y a continuación aplican el método tradicional: separar el pelo y peinarlo con una lendrera hasta que no quede nada. Eso sí, hay que desembolsar una media de unos 100 euros por persona (… o por cabeza, nunca mejor dicho).

Solución pragmática (y económica) para la lucha contra los piojos

Para quienes buscamos soluciones naturales, pero que también queremos eficacia y economía, les voy a contar una buena estrategia para abordar el problema de los piojos en las familias:

  1. A la menor duda (picor en el cuero cabelludo o la sospecha de liendres en el pelo): examen de todos los miembros de la familia. A veces el más infestado no siente el menor picor.
  2. Con mucha luz, buscar bichos vivos, aunque como se mueven muy rápido, buscar sobre todo las liendres. Preferentemente sobre un lavabo blanco, peinar el cabello con una lendrera. Los piojos caerán sobre el lavabo y ahí tendrá la prueba. Muy importante: no debe compartirse la lendrera. Cada miembro de la familia debe usar la suya, y si hubiera que compartirla, siempre pasarla antes por agua hirviendo.
  3. Si encuentra piojos o liendres, hay que pasar al tratamiento. La mezcla que yo recomiendo es aceite de coco con aceite esencial de árbol de té y aceite esencial de geranio. Recuerde siempre diluir los aceites esenciales con aceites vegetales. Por ejemplo, por cada cuatro cucharadas soperas de aceite de coco, ponga 5 gotas de aceite esencial de árbol de té y 2 gotas de aceite esencial de geranio para un adulto y, para un niño, 4 gotas de aceite esencial de árbol de té y 1 gota de aceite esencial de geranio. ¡Atención! No caiga en la tentación de echar a la mezcla más gotas de la cuenta buscando una mayor eficacia; piense que los aceites esenciales son muy potentes y estas cantidades son suficientes (más, incluso puede resultar peligroso). Puede poner el aceite de la mezcla en un spray difusor, para aprovechar mejor el producto.
  4. Aplíquelo sobre la cabeza, empapando bien el cuero cabelludo y peinando el pelo en toda su longitud. A continuación cubra bien la cabeza con plástico de cocina, bien pegado, para que no quede aire en su interior. Debe dejarlo actuar el tiempo suficiente para que los piojos se ahoguen. Lo ideal sería toda la noche, pero si no es posible intente que actúe al menos un par de horas.
  5. A continuación retire el exceso de aceite con papel de cocina y prepárese para la siguiente fase: peinar todo el pelo con una lendrera. Hay que tener paciencia y hacerlo mechón por mechón, limpiando el peine en un algodón blanco cada vez para ver el resultado.
  6. Cuando ya se ha peinado así todo el pelo, lavarlo dos veces con champú suave para retirar el aceite de coco. El aceite de coco es muy nutritivo e hidratante, por lo que tiene el efecto adicional de actuar como una mascarilla para el pelo.
  7. Repita este proceso a los 7 y a los 14 días, aunque crea que ya no hay piojos, para completar todo el ciclo de vida del piojo.
  8. Y además, cada tres días pida a su hijo o hija que se peine con la lendrera bajo la ducha, o péinele de nuevo con una lendrera usando previamente un spray acondicionador para facilitar el peinado.
  9. No olvide lavar sábanas y toallas a 60 grados cada vez que realice el tratamiento, meter peluches y objetos no lavables en el congelador durante dos días, y que cada miembro de la familia tenga su propio cepillo.
  10. Y sobre todo, intente revisar el cabello de toda la familia periódicamente, a todos el mismo día, antes de que haya señales de alarma. Los expertos aconsejan hacerlo una vez por semana. No lleva mucho tiempo y permite atajar el problema en sus comienzos.

Este método no garantiza la limpieza total de piojos a la primera. Pero con él no maltratará su cabello, evitará desarrollar resistencias en los piojos y además se ahorrará un montón de dinero.

Pero tenga en cuenta que ningún método consigue acabar para siempre con los piojos, sobre todo porque aunque se haya “exterminado” a toda la población de piojos de una familia, pueden producirse nuevos contagios constantemente. En realidad la única forma de lograr acabar con ellos sería que todo un grupo (por ejemplo, todos los alumnos de un colegio y sus familias), iniciaran el mismo tratamiento contra los piojos, pero todos al mismo tiempo, para evitar que cuando algunos están limpios, vuelvan a contagiarse de otros que en ese momento están infestados, lo que convierte las infestaciones por piojos en ciclos sin fin.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis 

Ideas equivocadas sobre la artrosis

Estimado lector:

Muchas personas creen que la artrosis está causada por el desgaste de los cartílagos. Piensan que, de tanto roce, el cartílago del hueso se acaba erosionando, como las pastillas de freno de un coche que se han utilizado demasiado. Así pues, están convencidas de que, para prevenir la artrosis, lo que hay que hacer es evitar que las articulaciones trabajen demasiado para no desgastar el cartílago.

Pero ese no es el caso… sino más bien lo contrario.

Recuerde que su cuerpo es un ser vivo, a diferencia de un automóvil. Y que el cartílago, como el resto de tejidos que tienen vida, es capaz de adaptarse y reforzarse cuando es necesario.

Si un día el cartílago deja de regenerarse, muere, se rompe o desaparece, eso sí que es un problema. Un problema médico que en general se puede evitar y, en ocasiones, incluso curar.

Caminar y correr ayuda a las rodillas

En un nuevo estudio publicado por la revista Medicine & Science in Sports & Exercise se afirma que las personas que practican footing tienen aproximadamente la mitad de riesgo que el resto de desarrollar artrosis o de necesitar una prótesis de cadera.

Paul Williams, experto del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley de Estados Unidos, dirige dos importantes estudios centrados en las personas que corren y en las que caminan: el National Runners’ Health Study y el National Walkers’ Health Study. Ha seguido a unos 90.000 corredores y personas que practican la marcha desde que los estudios se iniciaron en 1991 y en 1997, respectivamente. Y en ese tiempo no ha constado ningún aumento del riesgo de artrosis en los corredores, incluidos aquellos que recorren largas distancias y que hacen 100 ó 110 kilómetros a la semana.

Es más, el estudio es concluyente: correr reduce significativamente el riesgo de tener artrosis y el de terminar necesitando una prótesis, especialmente en el caso de personas con un índice de masa corporal (IMC) más bajo.

¿Cuál es la explicación? Podría ser la siguiente:

El cartílago no está irrigado por vasos sanguíneos, pero está compuesto por células vivas a las que hay que alimentar. El alimento se encuentra en el líquido sinovial en el que se bañan las articulaciones. Cada presión ejercida sobre el cartílago permite al líquido sinovial circular por el mismo y alimentar así las células con los nutrientes.

Si uno no se mueve, o se mueve muy poco, el cartílago “se muere de hambre”.

La incidencia de la obesidad en la destrucción de los cartílagos

Las investigaciones más recientes demuestran que la artrosis no es el resultado del desgaste de las articulaciones, según la vicepresidenta de la fundación Arthrose de Estados Unidos, Patience White, que es también profesora de Medicina en la Universidad George Washington.

Los dos factores de riesgo principales son la predisposición familiar a la artrosis y el sobrepeso.

Cada kilo de más repercute en 8 kilogramos adicionales sobre las rodillas. Y, de forma inversa, si se pierden 2 kilos, se liberan 16 kilos en las articulaciones de las rodillas.

Pero el vínculo entre obesidad y artrosis no se limita a la presión adicional sobre las articulaciones.

Las personas con sobrepeso tienen también más artrosis en las muñecas. En efecto, los tejidos grasos secretan hormonas inflamatorias que destruyen las células que regeneran el cartílago. Se trata de la hormona adiponectina, cuyos niveles circulantes son inversamente proporcionales al índice de masa corporal y al porcentaje de grasa total. Las concentraciones de adiponectina se encuentran reducidas en la obesidad, en la diabetes tipo 2 y en la enfermedad arterial coronaria. Una reducción de las concentraciones sanguíneas de adiponectina se ha asociado a un mayor incremento de la artrosis, especialmente en mujeres obesas. Inversamente, una reducción del índice de masa corporal mediante dieta y ejercicio físico aumenta los valores plasmáticos de adiponectina y reduce los síntomas inflamatorios de la artrosis.

Así que si alguien de su familia padece artrosis, usted puede disminuir el riesgo de padecerla practicando ejercicio físico y controlando el peso. Andar y correr le ayudarán a alcanzar ambos objetivos.

Pero ¡cuidado!, si ahora usted lleva una vida sedentaria, no puede pretender pasar de estar tirado en el sofá a correr una maratón tras otra, sino que debería comenzar a practicar ejercicio paulatinamente.

Los golpes bruscos y las heridas en las articulaciones también aumentan mucho el riesgo de artrosis, por lo que es importante la moderación. Además, si se hace daño, no sólo se maltrata al cartílago, sino que se verá sin duda obligado a dejar de practicar cualquier actividad física, lo cual aumenta el riesgo de ganar peso.

Más del 50% de las personas con una herida grave en la rodilla (como un desgarro del tendón o de los ligamentos), tienen muchas papeletas de llegar a desarrollar artrosis en los 10 años siguientes, según la doctora White. Incluso si la herida tiene lugar en la adolescencia.

Por lo tanto, es importante practicar con prudencia los deportes que infligen torsiones violentas a las articulaciones, como el fútbol o el esquí.

Soluciones naturales frente a la artrosis

Mantenerse en un peso adecuado y hacer ejercicio (pero a la vez ser prudente con determinados deportes) son sin duda buenos consejos para prevenir la artrosis. Pero, ¿qué debe hacer usted si ya sufre artrosis? ¿Resignarse al dolor? ¿Aceptar como único remedio las inyecciones de ácido hialurónico o los medicamentos de síntesis y, en último caso, pasar por el quirófano para implantarse una prótesis?

¡Ni muchísimo menos! La artrosis, tanto su prevención como su tratamiento, es una de las grandes especialidades de nuestro equipo, y uno de los problemas de salud ante el que realmente hay soluciones naturales mucho más que alentadoras… ¡simplemente sorprendentes!

Hemos preparado un Informe Especial sobre la artrosis que, si usted es víctima de esta enfermedad invalidante, puede cambiarle la vida (y que, si no la sufre, le aconsejo que guarde como oro en paño para el futuro, pues la artrosis es la afección reumatológica más frecuente pasados los 50 años). Este Informe le ayudará a “salvar” sus articulaciones. Literalmente.

Lo primero que tendrá que hacer, no se llame a engaño, será perder peso, para no someter a sus articulaciones a una presión elevada. Y a partir de ahí, le proporcionará un “plan de ataque” completo y riguroso centrado en la dieta y en los complementos alimenticios. Si a eso le añade ciertos ejercicios de movilidad articular que su osteópata o su kinesioterapeuta sabrá enseñarle, le aseguro que aún está a tiempo de salvar sus articulaciones.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Lo mejor que puede hacer por sus oídos

“¿Es usted músico?”

Así es como empiezo una conversación cuando en un transporte público tengo cerca a alguien que tiene el volumen de sus auriculares tan alto que me impide concentrarme o estar tranquilo.

Normalmente tengo que preguntarlo más de una vez, y con una gran sonrisa, mientras espero a que mi interlocutor se quite los auriculares.

– ¿Es usted músico?

– Eh…

– ¡Le hago esta pregunta porque parece que le gusta mucho la música! (gran sonrisa)

– Eh…

– Sí, porque si realmente usted fuera músico, debería bajar mucho el volumen de sus auriculares. Con ese volumen puede dañarse seriamente los tímpanos y arriesgarse a perder el oído. Perdone, simplemente me preocupo por usted… (sigo con mi gran sonrisa)

– Eh…

El interlocutor suele mascullar unas palabras, baja el volumen, se pone los auriculares y vuelve a sumirse en sus cosas. A veces me gano el derecho a que me sonría. El ambiente se relaja y consigo retomar la lectura o lo que esté haciendo.

Antes era mucho mejor

La invención del walkman, del lector MP3 y finalmente el iPod es sin duda una de las mayores catástrofes para nuestros oídos. En tiempos remotos, especialmente antes de la industrialización, el oído humano apenas se veía sometido a ruidos ensordecedores. Como mucho soportaban el sonido de silbatos y tambores en las fiestas populares, o el ruido de las batallas, aunque con menos frecuencia, o si acaso el de las herrerías. Cuando tenía 12 años, varios compañeros de clase llevaban reproductores de música al recreo. Uno de ellos había inventado un “juego” que consistía en ponerse los auriculares y después subir el volumen al máximo. “Ganaba” quien conseguía tener los auriculares incrustados en los tímpanos el mayor tiempo posible.

Se llamaba “dar caña a los oídos”.

Como consecuencia de los abusos a los que hemos sometido a los oídos, hoy existe un número realmente alarmante de personas que sufren sordera o acúfenos, es decir, zumbidos, silbidos o tintineos en la cabeza o los oídos.

Tres estudios de cohortes (los que se realizan sobre una misma población durante varios años), han mostrado un aumento de los problemas de sordera entre los jóvenes. En 10 años, con la introducción de los reproductores de música, el número de jóvenes de entre 14 y 15 años que padecen problemas auditivos se ha multiplicado por 4. (1)

El porcentaje de personas mayores de 45 años afectadas con esta dolencia en los países occidentales es del 18 %. El 30 % de las personas de 65 a 74 años y el 47 % de los mayores de 75 años afirman padecer problemas de audición. Y las tiendas de prótesis auditivas brotan por todas partes.

Ahora bien, la alimentación puede marcar una gran diferencia.

Los omega 3 al rescate

Un elevado consumo en productos alimentarios ricos en ácidos omega 3 (pescados grasos de los mares fríos, frutos secos, etc.) se ha asociado con una reducción significativa del riesgo de padecer problemas auditivos en personas mayores de 50 años.

Efectivamente, la audición no está ligada únicamente al funcionamiento del oído y a problemas mecánicos en el canal auditivo. Los problemas derivan a menudo de un tratamiento incorrecto de la información en el cerebro, que debe ejecutar tareas tremendamente complejas para filtrar, clasificar e interpretar las señales que le envían los cinco sentidos.

Si no contamos con un correcto sistema de filtrado nos arriesgamos a sumirnos en una vorágine de información auditiva.

Y es que los omega 3 contribuyen al correcto funcionamiento del cerebro y, por consiguiente, al correcto tratamiento de la información auditiva, ya que son materia grasa que participa en la formación de las paredes de las neuronas. La composición de las membranas neuronales permite el correcto funcionamiento de la sinapsis (el sistema que interconecta unas neuronas con otras), las zonas de intercambio de información. Los omega 3 evitan la rigidez de los elementos que intervienen en la transmisión auditiva, haciéndolos más flexibles, de forma que se facilita la transmisión de las señales nerviosas.

Son de alguna manera el aceite que lubrica los engranajes del cerebro y, sin este lubricante, el mecanismo corre el riesgo de “griparse”. De hecho, los lactantes cuyas madres han ingerido mucho pescado graso durante el embarazo tienen un mejor rendimiento cognitivo, según un estudio publicado en The Lancet. De igual forma, los omega 3 reducen la pérdida de coeficiente intelectual (CI) en personas mayores y contribuyen a un mejor funcionamiento cognitivo. (2) (3)

Cabe destacar que un gran aporte de omega 3 también reduce el riesgo de demencia, de Parkinson y de Alzheimer. (4) (5)

¡Con el omega 3 el programa para sus oídos no ha hecho más que empezar!

Magnesio y antioxidantes beneficiosos para el oído

Un nuevo estudio dirigido por investigadores americanos y coreanos sugiere que el beta-caroteno, la vitamina C y el magnesio favorecen una buena audición. El estudio ha sido publicado en el American Journal of Clinical Nutrition. (6)

Estos resultados refuerzan los del estudio NHANES de 2001-2004, que había hecho un seguimiento a 2.592 personas, tras el cual se concluyó que quienes contaban con un buen aporte en beta-caroteno, vitamina C y magnesio gozaban de mejor audición.

Hallamos beta-caroteno en frutas y verduras de color amarillo-naranja, a las que les da su color: zanahoria, calabaza, albaricoque, boniato…

La vitamina C se encuentra en multitud de frutas y verduras, como el kiwi, los cítricos y el aguacate. También es importante que las frutas y verduras se consuman lo más frescas posible. La vitamina C se oxida en contacto con el aire y pierde así sus virtudes antioxidantes.

El magnesio, por último, se encuentra en las aguas minerales ricas en magnesio, las verduras, las nueces, el chocolate y los cereales integrales.

Si sospecha que su alimentación no le aporta los nutrientes necesarios, puede comprar fácilmente estos tres componentes y a buen precio en forma de complemento alimenticio.

Otros estudios han mostrado que el zinc y la vitamina D también intervienen en la calidad de la audición. Estos elementos tampoco pueden faltar en nuestra alimentación.

Lo mejor que puede hacer por sus oídos

Pero ante todo, si le encanta la música y utiliza auriculares con un reproductor o con su teléfono móvil… ¡baje el volumen!

El sonido se crea cuando las vibraciones del tímpano estimulan los nervios en la parte más profunda del oído interno. En esta zona hay unos filamentos muy finos, llamados cilios, que convierten las vibraciones en impulsos nerviosos que se transmiten a su cerebro.

La exposición prolongada a un ruido que supere los 85 decibelios puede destruir los cilios. Cuanto más alto está el volumen, más rápida es la pérdida auditiva.

Únicamente con unos cascos de excelente calidad, y a un volumen moderado, podrá preservar sus tímpanos.

En un concierto de rock a 120 decibelios, la pérdida auditiva comienza a los 7,5 minutos.

Las percusiones (naturales o electrónicas) que producen unos sonidos potentes y repetidos, así como los ruidos sobreagudos muy amplificados (guitarra eléctrica y sintetizador) pueden provocar una pérdida auditiva irreversible.

Si escucha este tipo de música con cascos, sería conveniente que no se expusiera a ella más de una hora al día, y a menos de 80 decibelios según la red de ponderación A (80 dBA). Este nivel sonoro equivale más o menos al grito de una persona o al ruido de los coches cerca de una carretera.

Estoy seguro de que alguien de su entorno no se separa de sus cascos, así que hágale un favor y reenvíele este e-mail para que conozca el riesgo innecesario al que se está exponiendo.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis