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Lo mejor que puede hacer por sus oídos

“¿Es usted músico?”

Así es como empiezo una conversación cuando en un transporte público tengo cerca a alguien que tiene el volumen de sus auriculares tan alto que me impide concentrarme o estar tranquilo.

Normalmente tengo que preguntarlo más de una vez, y con una gran sonrisa, mientras espero a que mi interlocutor se quite los auriculares.

– ¿Es usted músico?

– Eh…

– ¡Le hago esta pregunta porque parece que le gusta mucho la música! (gran sonrisa)

– Eh…

– Sí, porque si realmente usted fuera músico, debería bajar mucho el volumen de sus auriculares. Con ese volumen puede dañarse seriamente los tímpanos y arriesgarse a perder el oído. Perdone, simplemente me preocupo por usted… (sigo con mi gran sonrisa)

– Eh…

El interlocutor suele mascullar unas palabras, baja el volumen, se pone los auriculares y vuelve a sumirse en sus cosas. A veces me gano el derecho a que me sonría. El ambiente se relaja y consigo retomar la lectura o lo que esté haciendo.

Antes era mucho mejor

La invención del walkman, del lector MP3 y finalmente el iPod es sin duda una de las mayores catástrofes para nuestros oídos. En tiempos remotos, especialmente antes de la industrialización, el oído humano apenas se veía sometido a ruidos ensordecedores. Como mucho soportaban el sonido de silbatos y tambores en las fiestas populares, o el ruido de las batallas, aunque con menos frecuencia, o si acaso el de las herrerías. Cuando tenía 12 años, varios compañeros de clase llevaban reproductores de música al recreo. Uno de ellos había inventado un “juego” que consistía en ponerse los auriculares y después subir el volumen al máximo. “Ganaba” quien conseguía tener los auriculares incrustados en los tímpanos el mayor tiempo posible.

Se llamaba “dar caña a los oídos”.

Como consecuencia de los abusos a los que hemos sometido a los oídos, hoy existe un número realmente alarmante de personas que sufren sordera o acúfenos, es decir, zumbidos, silbidos o tintineos en la cabeza o los oídos.

Tres estudios de cohortes (los que se realizan sobre una misma población durante varios años), han mostrado un aumento de los problemas de sordera entre los jóvenes. En 10 años, con la introducción de los reproductores de música, el número de jóvenes de entre 14 y 15 años que padecen problemas auditivos se ha multiplicado por 4. (1)

El porcentaje de personas mayores de 45 años afectadas con esta dolencia en los países occidentales es del 18 %. El 30 % de las personas de 65 a 74 años y el 47 % de los mayores de 75 años afirman padecer problemas de audición. Y las tiendas de prótesis auditivas brotan por todas partes.

Ahora bien, la alimentación puede marcar una gran diferencia.

Los omega 3 al rescate

Un elevado consumo en productos alimentarios ricos en ácidos omega 3 (pescados grasos de los mares fríos, frutos secos, etc.) se ha asociado con una reducción significativa del riesgo de padecer problemas auditivos en personas mayores de 50 años.

Efectivamente, la audición no está ligada únicamente al funcionamiento del oído y a problemas mecánicos en el canal auditivo. Los problemas derivan a menudo de un tratamiento incorrecto de la información en el cerebro, que debe ejecutar tareas tremendamente complejas para filtrar, clasificar e interpretar las señales que le envían los cinco sentidos.

Si no contamos con un correcto sistema de filtrado nos arriesgamos a sumirnos en una vorágine de información auditiva.

Y es que los omega 3 contribuyen al correcto funcionamiento del cerebro y, por consiguiente, al correcto tratamiento de la información auditiva, ya que son materia grasa que participa en la formación de las paredes de las neuronas. La composición de las membranas neuronales permite el correcto funcionamiento de la sinapsis (el sistema que interconecta unas neuronas con otras), las zonas de intercambio de información. Los omega 3 evitan la rigidez de los elementos que intervienen en la transmisión auditiva, haciéndolos más flexibles, de forma que se facilita la transmisión de las señales nerviosas.

Son de alguna manera el aceite que lubrica los engranajes del cerebro y, sin este lubricante, el mecanismo corre el riesgo de “griparse”. De hecho, los lactantes cuyas madres han ingerido mucho pescado graso durante el embarazo tienen un mejor rendimiento cognitivo, según un estudio publicado en The Lancet. De igual forma, los omega 3 reducen la pérdida de coeficiente intelectual (CI) en personas mayores y contribuyen a un mejor funcionamiento cognitivo. (2) (3)

Cabe destacar que un gran aporte de omega 3 también reduce el riesgo de demencia, de Parkinson y de Alzheimer. (4) (5)

¡Con el omega 3 el programa para sus oídos no ha hecho más que empezar!

Magnesio y antioxidantes beneficiosos para el oído

Un nuevo estudio dirigido por investigadores americanos y coreanos sugiere que el beta-caroteno, la vitamina C y el magnesio favorecen una buena audición. El estudio ha sido publicado en el American Journal of Clinical Nutrition. (6)

Estos resultados refuerzan los del estudio NHANES de 2001-2004, que había hecho un seguimiento a 2.592 personas, tras el cual se concluyó que quienes contaban con un buen aporte en beta-caroteno, vitamina C y magnesio gozaban de mejor audición.

Hallamos beta-caroteno en frutas y verduras de color amarillo-naranja, a las que les da su color: zanahoria, calabaza, albaricoque, boniato…

La vitamina C se encuentra en multitud de frutas y verduras, como el kiwi, los cítricos y el aguacate. También es importante que las frutas y verduras se consuman lo más frescas posible. La vitamina C se oxida en contacto con el aire y pierde así sus virtudes antioxidantes.

El magnesio, por último, se encuentra en las aguas minerales ricas en magnesio, las verduras, las nueces, el chocolate y los cereales integrales.

Si sospecha que su alimentación no le aporta los nutrientes necesarios, puede comprar fácilmente estos tres componentes y a buen precio en forma de complemento alimenticio.

Otros estudios han mostrado que el zinc y la vitamina D también intervienen en la calidad de la audición. Estos elementos tampoco pueden faltar en nuestra alimentación.

Lo mejor que puede hacer por sus oídos

Pero ante todo, si le encanta la música y utiliza auriculares con un reproductor o con su teléfono móvil… ¡baje el volumen!

El sonido se crea cuando las vibraciones del tímpano estimulan los nervios en la parte más profunda del oído interno. En esta zona hay unos filamentos muy finos, llamados cilios, que convierten las vibraciones en impulsos nerviosos que se transmiten a su cerebro.

La exposición prolongada a un ruido que supere los 85 decibelios puede destruir los cilios. Cuanto más alto está el volumen, más rápida es la pérdida auditiva.

Únicamente con unos cascos de excelente calidad, y a un volumen moderado, podrá preservar sus tímpanos.

En un concierto de rock a 120 decibelios, la pérdida auditiva comienza a los 7,5 minutos.

Las percusiones (naturales o electrónicas) que producen unos sonidos potentes y repetidos, así como los ruidos sobreagudos muy amplificados (guitarra eléctrica y sintetizador) pueden provocar una pérdida auditiva irreversible.

Si escucha este tipo de música con cascos, sería conveniente que no se expusiera a ella más de una hora al día, y a menos de 80 decibelios según la red de ponderación A (80 dBA). Este nivel sonoro equivale más o menos al grito de una persona o al ruido de los coches cerca de una carretera.

Estoy seguro de que alguien de su entorno no se separa de sus cascos, así que hágale un favor y reenvíele este e-mail para que conozca el riesgo innecesario al que se está exponiendo.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Las mujeres necesitan testosterona

Por el hecho de que las mujeres tienen menos testosterona que los hombres, generalmente olvidamos decirles que, para envejecer bien, es fundamental que ellas también se preocupen por su tasa de esta importante hormona… y no sólo de sus hormonas femeninas (estrógenos y progesterona).

Aunque la testosterona se conozca sobre todo como la hormona masculina, que hace aflorar el vello, los músculos, la agresividad y el deseo, también es esencial para las mujeres. En ellas, la testosterona sirve para proteger el cerebro, los músculos, los huesos, el corazón y, del mismo modo, es la que desencadena el deseo carnal.

Desde un punto de vista puramente estético, debe saber que la falta de testosterona es la principal responsable de dos fenómenos de decadencia física asociada a la edad en las mujeres: la pérdida de firmeza de los glúteos y en la parte de abajo de los brazos, que hace que la piel de éstos termine colgando.

La menopausia reduce la producción de testosterona

La mujer produce en torno al 60% de la testosterona que produce un hombre. Lo fundamental de esta producción tiene lugar en los ovarios, durante el periodo de fertilidad, pero la testosterona también se fabrica directamente en los tejidos, allí donde se utiliza. Es lo que se llama conversión periférica.

Con la menopausia, la producción de testosterona en los ovarios se detiene de forma natural. Por eso, a partir de ese momento, muchas mujeres tienen déficit de testosterona. Y sufren las consecuencias.

La falta de testosterona hace perder memoria

Este descenso de la testosterona viene acompañado de una disminución de la memoria, de la capacidad de aprendizaje y del sentido espacial, así como de un aumento del riesgo de demencia.

Este fenómeno se puede controlar administrando testosterona en forma de crema de uso tópico (que se aplica sobre la piel).

Estudiando a un grupo de mujeres menopáusicas que gozaban de buena salud y que se habían aplicado a diario durante seis meses o un gel de testosterona o un placebo, los investigadores se dieron cuenta de que el gel de testosterona mejoraba las capacidades de aprendizaje y la memoria. (1)

La falta de testosterona hace engordar

La falta de testosterona hace aumentar los niveles de colesterol y también engordar: por esta razón, al castrar un gallo se convierte en un capón, mucho más gordo y más grande. El mismo fenómeno se da en los humanos, como los eunucos, que tienen tendencia a ser más adiposos (gordos).

Del mismo modo, una mujer puede llegar a engordar durante la menopausia por el déficit de testosterona, empezando entonces a acumular grasa en las caderas y el vientre con más facilidad.

La falta de testosterona destruye los músculos, entre ellos el corazón

La testosterona es la principal hormona esteroidea anabolizante, es decir, que favorece el crecimiento muscular, al reforzar el cuerpo y reafirmar la silueta. Por lo tanto, una falta de testosterona hace perder masa muscular. Lo primero que observan las mujeres es una pérdida de tonicidad bajo los brazos: la piel se cae porque el músculo se ha diluido.

Pero cuidado: el corazón también es un músculo. Un nivel bajo de testosterona implica una disminución del músculo cardíaco y aumenta el riesgo de infarto.

Así pues, toda persona que presente problemas cardiovasculares debería hacerse unos análisis de testosterona.

El corazón posee más receptores de testosterona que el resto de músculos, por lo que en él la testosterona se acumula el doble. Estimula la formación de nuevas proteínas, lo que vuelve al corazón más resistente y más fuerte. Si le da un infarto, será menos grave si tiene mucha testosterona, y el riesgo de mortalidad a los seis meses será más bajo.

Además, la testosterona favorece la dilatación de las arterias coronarias. En la mayoría de pacientes, tomar testosterona es eficaz para reducir la arritmia (2) y la angina de pecho (dolor en el corazón provocado por una falta de oxígeno, ligado en general a una disminución de la llegada de sangre).

Por último, una tasa normal de testosterona puede prevenir la formación de coágulos sanguíneos.

Parece pues que la testosterona reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares en las mujeres menopáusicas.

Sin embargo, tampoco hay que pasarse al extremo contrario, porque unos niveles excesivos de testosterona aumentan la expresión de los receptores plaquetarios al tromboxano A2, lo que favorece el fenómeno trombótico (formación de coágulos dentro de los vasos sanguíneos) al tiempo que incrementa los efectos vasoconstrictores sobre las pequeñas arterias, por no hablar de los efectos secundarios potenciales: crecimiento exagerado del vello, etc.

La testosterona protege contra la osteoporosis

La osteoporosis, o enfermedad de los “huesos de cristal”, amenaza a todas las mujeres menopáusicas. Las expone a fracturas, en particular las de cadera, muñeca y cabeza del fémur. Según algunos estudios, el 70% de las personas de una edad media de 73 años con una fractura de cadera tenían déficit de testosterona, frente al 30% de aquellas de esa misma edad con los niveles controlados.

Así pues, parece que la falta de testosterona aumenta el riesgo de osteoporosis.

 Efecto dinamizador y antiestrés

La testosterona nos vuelve más resistentes al estrés, más combativos y perseverantes, y hasta despierta el buen humor. Unos niveles bajos de testosterona son responsables de un poso de angustia, incluso de miedo.

En los casos en los que los niveles de testosterona son extremadamente bajos, este exceso de emotividad adopta la forma de crisis de histeria, desapareciendo la capacidad para abordar las pequeñas preocupaciones con serenidad, a la vez que se instaura una fatiga permanente.

Remediar la falta de testosterona

Para remediar la falta de testosterona, lo más eficaz es trabajar con un buen médico con formación en terapias hormonales bioidénticas (THB), que es quien puede recetar testosterona de sustitución, en formas naturales, no peligrosa, y por supuesto adecuando las dosis a sus necesidades.

Pero antes de llegar a ese punto, hay numerosas estrategias para aumentar la testosterona de manera natural. Puede ponerlas en práctica todo el mundo y los únicos efectos secundarios que tienen son… beneficiosos.

Pierda peso

Los kilos de más pueden hacer disminuir la tasa de testosterona, según los resultados presentados en el Congreso de 2012 de la Endocrine Society (asociación estadounidense de médicos especialistas en hormonas).

Si usted realmente desea perder peso, debe reducir estrictamente la cantidad de azúcar refinado de su dieta alimentaria, ya que el exceso de azúcar es el primer factor de obesidad. Debe disminuir el consumo de bebidas carbonatadas, zumos de fruta, así como los supuestos edulcorantes “naturales” como el jarabe de agave.

Además de eliminar o de limitar seriamente el azúcar, es fundamental eliminar la leche y los cereales, que aumentan la resistencia a la insulina. Hay que evitar ante todo los alimentos hechos a base de harina blanca como las pizzas, las pastas, las tartas y los bollos.

Es muy importante no pasar hambre, porque si no el organismo se pone en “modo hambre”, que consiste en almacenar grasa y ahorrar calorías. Para saciarse, coma mucha fruta y verdura, en particular cruda, junto con aceites y grasas de buena calidad.

Ejercicios de alta intensidad

Los esfuerzos de resistencia prolongada (maratón, triatlón, largas caminatas a pie, resistencia en bicicleta…) tienen un efecto catastrófico sobre el nivel de testosterona.

Por el contrario, los ejercicios intensos y cortos, repetidos varias veces seguidas tras un corto periodo de recuperación, aumentan el nivel de testosterona.

Este es un ejercicio que puede seguir:

  • calentar unos tres minutos.
  • hacer un esfuerzo (correr, saltar, nadar, flexiones sobre las rodillas…) tan rápido como pueda durante 30 segundos. Debe tener la impresión de no poder aguantar más tiempo.
  • recuperarse con movimientos lentos durante 90 segundos.
  • Repetir 7 veces este ciclo (8 veces en total).

En total, no le llevará más de 20 minutos, y la mayor parte del tiempo lo pasará recuperándose (y por tanto descansando). Y, sin embargo, es el mejor ejercicio que puede hacer (para el corazón, los músculos, el nivel de insulina, el nivel de testosterona…) y para el que no necesita comprar equipos caros ni apuntarse a un gimnasio.

Coma grasas buenas

El cuerpo necesita grasas poliinsaturadas, como las que contienen los aguacates y las nueces, y también grasas saturadas, para producir testosterona. Los investigadores han descubierto que una dieta que aporta menos del 40% de las calorías en forma de grasas lleva a la disminución de la tasa de testosterona. (3)

Es importante comprender que las grasas son indispensables para la salud, y que no se deben sustituir en favor de los azúcares, los cereales y las féculas.

Para mejorar los niveles de testosterona, puede aumentar su consumo de grasas buenas consumiendo aceitunas, aceite de oliva, nueces crudas (sin tostar ni salar), almendras, claras de huevos ecológicos, aguacates, etc.

La androstendiona y el androstendiol

La androstendiona y el androstendiol, presentes en el polen de pino escocés, son los precursores naturales de la testosterona. En Estados Unidos tienen el estatus de suplemento nutricional, lo cual no pasa con la testosterona, considerada en la mayor parte de países como un medicamento que se vende con receta médica.

Puede encontrar polen de pino escocés en las tiendas ecológicas. Se administra por la vía sublingual y rápidamente se metaboliza en testosterona. Su administración bajo esta forma hace aumentar la tasa de testosterona en 30 minutos para alcanzar un pico entre el 200 y el 300% una o dos horas después de la toma. La tasa de testosterona recupera su estado anterior a las tres o cuatro horas.

El interés de esta sustancia es obtener con rapidez los efectos energizantes y prosexuales de una elevación rápida e importante de la testosterona. Pero ¡cuidado!, la tasa de testosterona no se mantiene el tiempo suficiente para permitir recuperar la tonicidad muscular, perder peso o recuperar las mejores funciones cardiovasculares. Además, la androstendiona y el androstendiol están en la lista de sustancias dopantes y tomarlas antes de una competición deportiva podría tener como consecuencia dar positivo en el control antidoping.

La DHEA

Si no desea que le receten testosterona, la mejor alternativa es tomar un complemento alimenticio de DHEA. El DHEA es el precursor más abundante de andrógenos en el cuerpo humano, lo que equivale a ser la principal materia implicada en la fabricación de las hormonas vitales, entre ellas la testosterona.

El estudio DHEAge demuestra una mejora de las propiedades mecánicas de la piel y la densidad ósea en las mujeres menopáusicas, así como una mejoría de la libido (4).

En Estados Unidos se comercializa desde la década de 1990 como simple complemento alimenticio. Sin embargo, no se vende sin receta en España, ya que las autoridades temen efectos indeseables, en especial en determinados tipos de cáncer.

En dosis inferiores o iguales a los 50 mg, no se han observado efectos indeseables de la DHEA, pero se recomienda consultar con el médico.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

No tema al sol

Cuando se trata de ponerse moreno o simplemente del sol, los poderes públicos, junto con la prensa, buscan ante todo provocar miedo.

¿El objetivo es amargarle las vacaciones? ¿Que tenga mala conciencia? ¿Persuadirle para que se unte con una crema dañina y tóxica? ¿Que se quede en casa las mejores horas del día?

¿O simplemente pretenden que se gaste el dinero en autobronceadores, crema solar, gafas de sol, lociones para después del sol…?

Oficialmente, se trata de combatir la epidemia de cáncer de piel. Pero nosotros hemos descubierto la verdad de todo este asunto [1].

Si importante es evitar las quemaduras solares, también hay que pensar que, a excepción de este riesgo, el sol sólo posee virtudes para la salud.

Por lo tanto, lo mejor que puede hacer es aprovechar el buen tiempo para salir y seguir las medidas de seguridad que le indico a continuación. Si puede, vaya a la playa o a la montaña, a la orilla del río o al campo.

En la medida de lo posible, podrá beneficiarse de las ventajas del sol para la piel, para el estado de ánimo y para la salud en general.

Adaptación progresiva

En realidad, el único consejo que hay que seguir respecto al sol procede sencillamente del sentido común: adáptese al sol progresivamente, exactamente de la misma forma que al senderismo o a cualquier otra actividad. Si en cuarenta años no se ha levantado del sofá, ¡no se meta mañana en una maratón!

Nuestro modo de vida natural es vivir en el exterior y, por lo tanto, estar expuesto al sol según las variaciones de las estaciones. Nuestra piel es capaz de adaptarse para dejar pasar los UVB (rayos ultravioletas B), siempre que nos haga falta sol. Cuando los rayos UVB alcanzan la piel, ésta transforma un derivado del colesterol en la preciada vitamina D3.

Contar con unas reservas óptimas de vitamina D proporciona multitud de beneficios. En particular, provoca un descenso importante del riesgo de contraer cáncer, incluido el cáncer de piel.

Recíprocamente, si la exposición al sol es fuerte, nuestra piel se pone morena para limitar la entrada de los UVB.

Por eso, si hemos estado semanas sin salir, o en una zona poco soleada, tendremos que ir adaptándonos progresivamente a tomar el sol.

La exposición brusca y excesiva al sol no aporta ningún beneficio para la salud. Como ya sabe, únicamente produce quemaduras solares, que son una reacción inflamatoria de la piel al exceso de rayos ultravioletas.

Adaptarse a buen ritmo

Si no está acostumbrado al sol, empiece a exponerse con sesiones de 10 a 20 minutos, dependiendo del lugar y del grado de sol (si está nublado o no). Procure que le dé el sol en al menos el 40% de la piel.

Si es de piel más bien blanca, su objetivo es que ésta adquiera un ligero color rosado. Debe interrumpir los baños de sol antes de que:

  • la piel se caliente o queme al tacto.
  • se sienta molesto al tocarse la piel o con el roce de la ropa.

La dificultad reside en que estos síntomas no son visibles de inmediato. Aparecen tras unas horas de exposición al sol, y el dolor alcanza la plenitud en 24 horas.

Por eso, al principio, lo mejor es controlar el tiempo de exposición. Si toma el sol un día totalmente despejado, no se ponga más de diez minutos boca arriba y otros diez boca abajo.

La finalidad es evitar quemarse, pelarse o que le salgan ampollas.

Al igual que ocurre con las quemaduras convencionales, las quemaduras solares se clasifican en tres grados: quemaduras de primer, segundo y tercer grado. Las quemaduras de primer grado se pueden curar en casa, como verá a continuación. En el extremo opuesto, las de tercer grado provocan ampollas y llagas que se pueden infectar, además de causar fiebre y escalofríos, en cuyo caso hay que acudir al médico inmediatamente.

Un bronceado bonito es signo de un buen nivel de vitamina D

Al empezar a tomar el sol, se alcanza el punto de equilibrio cuando la piel adquiere un tono rosado. En ese momento, su cuerpo ya no podrá seguir produciendo vitamina D. De esta forma, fabrica hasta 20.000 UI (unidades internacionales) de vitamina D al día, y usted tiene la seguridad de contar con un sistema biológico de retroalimentación que le impide sufrir una sobredosis.

Al tomar así el sol a diario, podrá ir aumentando poco a poco el tiempo de exposición. Un bronceado natural y moderado es un signo visible de que el índice de vitamina D es óptimo.

Las personas que tienen la piel muy morena pueden pasarse horas al sol sin temor a quemarse.

Sin embargo, para la mayoría de europeos, el tiempo máximo de exposición, cuando ya se está acostumbrado, es de una hora, y después de ese tiempo hay que protegerse a la sombra. Además, la piel del rostro es muy fina y frágil, por lo que es de vital importancia llevar sombrero para evitar dañarla. El sombrero también evitará el riesgo de sufrir una insolación.

UVA contra UVB

Los rayos ultravioletas del sol nos llegan principalmente de dos formas:

Ultravioletas A (UVA): son los rayos que se consideran nocivos para la salud, porque penetran en profundidad en la piel y provocan mutaciones del ADN y la formación de radicales libres agresivos. Las cremas solares bloquean los rayos beneficiosos UVB y dejan pasar los UVA, factor de riesgo de cáncer, a menos que contengan un ingrediente específico anti-UVA. Por lo tanto, la crema solar puede impedir que nos quememos, pero no implica necesariamente que nos proteja del cáncer.

Ultravioletas B (UVB): son los rayos beneficiosos que ayudan a la piel a fabricar vitamina D. Sin embargo, también pueden broncear y provocar quemaduras mucho más rápido que los UVA. La luz del sol es rica principalmente en UVB a mediodía, es decir, justo en el momento que los expertos recomiendan no exponerse al sol.

En cualquier caso, los beneficios de una exposición razonable a los rayos UVB superan los efectos nocivos potenciales de los UVA. Dicho de otro modo, los efectos anticancerígenos de la vitamina D producida bajo el efecto del sol superan los efectos cancerígenos de los UVA.

Plantas y sol

Dicho esto, tenga en cuenta que a la piel le vienen bien multitud de plantas, por lo que se sentirá mejor y tendrá una piel más bonita gracias a los productos naturales.

  • Antes de la exposición al sol: coma verduras frescas y frutas coloridas. Cuantos más antioxidantes consuma, más rápido se adaptará la piel al sol. Reducirá el riesgo de quemarse al comer verduras y frutas ricas en carotenoides, esos pigmentos de color rojo anaranjado que encontrará en albaricoques, zanahorias y verduras de color verde. La vitamina C frenará la producción de los radicales libres y la inflamación que causan los rayos solares; la astaxantina es sin duda el pigmento más potente que funciona a modo de «crema solar interior», y le ayudará a adquirir un bronceado uniforme.
  • Antes, durante y después de la exposición: beba agua con frecuencia, sin azúcar, sin colorantes, etc. La piel necesita estar bien hidratada, ya que cuando está expuesta al sol se seca, aunque uno no lo note, y se vuelve mucho más frágil.
  • En caso de quemaduras: aplíquese un gel de aloe vera natural en la piel para minimizar los daños y acelerar la recuperación. El aloe vera es el tratamiento natural por excelencia para proteger la piel. En multitud de lugares encontrará aloe vera en estado silvestre. Puede cortar con un cuchillo la punta de una hoja (si es que se pueden llamar hojas a esa especie de tentáculos largos, planos y duros…), abrirla por la mitad a lo largo y frotar directamente el líquido que hay en su interior en la piel. Las mejores hojas son las más gruesas. Si el clima del lugar donde usted vive lo permite, puede plantarlo en el jardín y tendrá un perfecto botiquín de primeros auxilios natural.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Diez señales que anuncian la muerte

Trata de un tema serio, doloroso, al que casi todos nos hemos tenido que enfrentar alguna vez: las últimas horas de un ser querido.

La muerte, antaño omnipresente, permanece hoy escondida. Más del 80% de los fallecimientos tiene lugar en el hospital. Lejos quedan ya aquellos tiempos en los que los muertos eran velados en sus casas, en los que toda persona cercana, por no decir todos los vecinos del barrio, eran invitados a rendirle un último homenaje, esos tiempos en los que era frecuente ver a gente vestida de luto pasar en procesión por las calles detrás de un coche fúnebre.

Debido a estos cambios, muchos de nosotros ya no estamos en absoluto familiarizados con la muerte. Ya no sabemos cómo es ni sabemos cómo comportarnos ante ella.

Por esta razón, he decidido preparar este boletín, aunque pudiera en principio parecer algo macabro.

Nadie conoce el día ni la hora de su muerte ni la de sus seres queridos, pero por esa misma razón conviene estar preparado.

Por ello, le recomiendo que atesore con cuidado este boletín porque, el día en el que la muerte se aproxima, puedo asegurarle por experiencia que el simple hecho de saber qué está ocurriendo y cómo actuar permite controlar mejor la conmoción y el dolor terrible que pueden llegar a adueñarse de nosotros.

Voy a hablarle de los diez signos que anuncian la llegada de la muerte y de cómo reaccionar ante ellos. He cuidado mucho el mantenerme en el plano de los hechos, ya que las emociones que se suscitan pueden variar en función de la relación que cada cual pueda tener con quien está en el lecho de muerte (progenitores, hijos, pareja, hermanos, abuelos…).

1. Pérdida de apetito

Cuando se acerca la muerte, las necesidades energéticas disminuyen. El individuo empieza a resistirse o a negarse a comer y a beber, y sólo se presta a tomar pequeñas cantidades de alimentos sosos (como papilla de cereales). Lo primero que se rechaza es la carne, porque se digiere mal. Con la muerte al acecho, el individuo puede volverse incapaz de tragar.

Qué hacer: no debe forzarle a comer y deberá respetar las señales que da el yacente, por mucho que le pueda preocupar esta pérdida de interés por la comida. Ofrézcale con regularidad un poco de sorbete o de helado, o un sorbo de agua. Pase una toalla húmeda y caliente por el contorno de sus labios y póngale cacao en los labios para que estén húmedos y no le duelan.

2. Exceso de sueño y fatiga

Quién está viviendo sus últimas horas pasa dormido la mayor parte del día y de la noche mientras su metabolismo se ralentiza, y la falta de comida y de bebida contribuye a su deshidratación. Despertarlo se vuelve algo complicado, y el cansancio es tal que el individuo ya no alcanza a discernir bien lo que sucede a su alrededor.

Qué hacer: deje que duerma, evite despertarlo bruscamente. Parta del principio de que puede oír todo lo que usted diga, puesto que el oído sigue funcionando, aunque la persona esté inconsciente, o incluso durante el coma.

3. Debilitamiento

La falta de alimentos y el cansancio debilitan a las personas hasta el punto de que pueden volverse incapaces de levantar la cabeza o incluso de sorber por una pajita.

Qué hacer: céntrese en el bienestar del enfermo, ayúdele para que se encuentre confortable y se sienta acompañado.

4. Confusión

Los órganos, y entre ellos el cerebro, empiezan a dejar de funcionar. Hay pocas enfermedades que provoquen hiperagudeza (grado elevado de consciencia) cuando el final se acerca. Por lo general, los agonizantes dejan de saber dónde están con exactitud ni quién hay en la habitación. Cada vez hablan y responden menos, o hablan con personas a las que los demás no ven; puede parecer que dicen cosas sin sentido y pueden agitarse y rebuscar entre las sábanas.

Qué hacer: mantenga la calma y sea comprensivo. Hable con serenidad y recuérdele quién es usted cuando se acerque a él.

5. Dificultades para respirar

La respiración se vuelve irregular, complicada. Los pulmones y la garganta también pueden secretar en exceso, lo que produce ruidos fuertes en las inspiraciones y espiraciones. Este fenómeno se llama estertor.

Qué hacer: los problemas respiratorios pueden preocupar a quienes lo presencian, pero la persona que está en esta fase del final de su vida no es consciente de estas alteraciones de la respiración. De nuevo, céntrese en su bienestar. Hay posturas corporales que pueden ayudar: la cabeza ligeramente reclinada sobre una almohada, o sentarlo sujetándolo bien con unos cojines y un respaldo sólido, o tumbarlo ligeramente inclinado sobre el costado. Humedézcale la boca con una toalla húmeda o con un humidificador y échele cacao en los labios. Si desprende mucho flujo por nariz y boca, límpiele delicadamente sin intentar sonarle. Permanezca tranquilo cerca del enfermo, tiéndale la mano o háblele con suavidad.

6. Aislamiento social

A medida que el cuerpo deja de funcionar, quien está postrado pierde el interés por las personas que le rodean. Puede que deje de hablar, que farfulle de manera incomprensible, que deje de responder a las preguntas o que, simplemente, dé la espalda a quienes le acompañan. Unos días antes del fallecimiento, es posible que la persona sorprenda a sus seres queridos con una última muestra de alegría y afecto, que puede durar desde menos de una hora hasta un día entero.

Qué hacer: tenga en cuenta que es una parte normal de la senda de la muerte, que nada tiene que ver con la relación que usted tenga con esa persona. Mantenga la presencia física tocándole y sin dejar de hablarle, si se siente capaz de ello, pero sin esperar nada a cambio. Aproveche cualquier momento de lucidez, si llega, porque pronto se desvanecerá.

7. Disminución de las micciones (orina)

La escasa cantidad de bebida y el descenso de la presión sanguínea contribuyen a disminuir la actividad de los riñones. La orina se vuelve muy concentrada, oscura, rojiza o del color del té. También puede darse una pérdida del control de los esfínteres cuando la muerte acecha.

Qué hacer: puede suceder que el personal médico decida que hace falta un catéter (una sonda), pero no en las últimas horas de vida. La disfunción renal hace que aumenten las toxinas en sangre y puede contribuir a provocar un coma apacible previo a la muerte. Al cambiar las sábanas, ponga una sábana impermeabilizante sobre el colchón.

8. Hinchazón en pies y tobillos

Cuando el funcionamiento de los riñones se ralentiza, puede producirse una retención de líquidos en el cuerpo, sobre todo en las zonas más alejadas del corazón, como los pies y los tobillos. Estas zonas, así como las manos y la cara, pueden llegar a hincharse.

Qué hacer: por lo general, no suele aplicarse ningún tratamiento concreto (como diuréticos, por ejemplo) para estos hinchamientos relacionados con la agonía. Es consecuencia natural de la proximidad de la muerte.

9. Extremidades frías

Durante las horas o los minutos previos a la muerte, la circulación sanguínea se aleja de la periferia del cuerpo y se centra en los órganos vitales. Mientras esto sucede, las manos, los pies y los dedos se enfrían y las uñas pueden volverse pálidas o azuladas.

Qué hacer: una manta caliente puede ayudar a preservar el bienestar de quien agoniza y a mantenerlo consciente. Podría quejarse del peso, de modo que no se la ajuste demasiado.

10. Venas veteadas

La piel, que antes era uniformemente pálida o de color ceniza, empieza a mostrar vetas violáceas o azuladas. Es uno de los signos de que la muerte es inminente, como resultado de la ralentización de la circulación sanguínea. Las vetas suelen aparecen primero en las plantas de los pies.

Qué hacer: no hay nada que deba hacer al respecto, salvo saber que es parte del proceso natural de la muerte y no sorprenderse por ello.

Nota: los signos que anuncian la muerte y que acabo de mencionar describen un proceso de muerte natural, que puede variar de una persona a otra. Si se mantiene a una persona con vida de manera artificial (mediante un respirador o tubo de alimentación), el proceso puede ser diferente.

Conocer todos estos signos puede ayudar a enfrentarse a este doloroso momento sin estar más desamparado aún de lo que ya se está. Y si hoy usted no necesita esta información, siéntase dichoso por saber que sus seres queridos tienen buena salud y disfrute de cada instante en el que las personas a las que quiere siguen gozando de una vida llena de energía a su lado.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

Mal aliento, ojeras, boca pastosa… 3 signos de alerta que obligan a actuar

Boca pastosa, ojeras, mal aliento… La triste realidad es que estos males nunca vienen solos.

Las personas que los padecen también sufren, por lo general, de fermentación intestinal, gases y vientre hinchado después de las comidas, ictericia, náuseas, dolores de cabeza, sofocos e insomnio entre la una y las tres de la mañana.

Y esto no es bueno. Según la naturopatía, que busca restablecer la salud reequilibrando el estilo de vida, estos signos son sintomáticos de falta de bilis, lo que puede tener implicaciones graves a largo plazo.

Los naturópatas proponen soluciones naturales para estimular la producción de bilis. Ahora las voy a exponer, pero primero permítame que le explique qué es la bilis exactamente.

La bilis: un líquido inteligente y ecorresponsable

La bilis es uno de los productos más inteligentes que produce el cuerpo. Lo fabrica el hígado a base de desechos que obtiene de la sangre. En efecto, la sangre está cargada de bacterias, toxinas alimentarias, alcohol, microbios, células muertas, amoníaco, restos de medicamentos, pesticidas y hormonas ya utilizadas y degradadas por el organismo. El hígado lo recupera todo (hasta el 100% de las impurezas cuando funciona correctamente) y lo descompone gracias a unas enzimas.

Después, evacúa estos desechos y los manda al tubo digestivo en un líquido llamado bilis. Y esta bilis, lejos de ser inservible, desempeña un papel crucial en la digestión, encargándose de romper las grasas en pedacitos minúsculos para que puedan ser absorbidas por el intestino.

Si se situara usted a la salida del estómago, en el lugar por el que la comida cargada de grasas pasa al intestino, vería llegar un chorro de bilis que convierte estas grasas en espuma (emulsión), como si fuera el líquido del lavavajillas.

La comida indigesta, pesada y grasienta se vuelve ligera, de forma que puede viajar con tranquilidad por el intestino y todos los nutrientes buenos pueden ser asimilados en la sangre.

Por último, y ya que el hígado usa también el colesterol para fabricar los ácidos biliares, una generosa producción de bilis comportará un descenso del nivel de colesterol en sangre.

Esto es lo que sucede cuando el hígado funciona correctamente y la secreción de bilis es abundante.

Cuando el hígado no funciona bien

Por desgracia, si el hígado trabaja mal y no produce suficiente bilis, surgen los siguientes problemas:

  1. las toxinas de la sangre no son evacuadas de manera correcta. Se estancan en el organismo y en el hígado, lo que puede llegar a provocar una serie interminable de enfermedades tales como alergias, asma, enfermedades autoinmunes, depresión, enfermedades cardíacas, obesidad, fatiga crónica e incluso cáncer, entre otras.
  2. aumenta el nivel de colesterol.
  3. la digestión se altera y causa dolores de tripa, náuseas, migrañas después de comer, boca pastosa, mal aliento, tez y ojos amarillentos, bolsas en los ojos e insomnio.
  4. la bilis se estanca en una bolsa que hay entre el hígado y el intestino, la vesícula biliar. Se espesa y los desechos empiezan a acumularse para formar pequeños cálculos (piedras) que van aumentando poco a poco de tamaño. Con el tiempo, la vesícula se vuelve perezosa y el trasvase de bilis al intestino se ralentiza todavía más. Algunos cálculos salen de la vesícula y se atascan en los canales, provocando episodios muy dolorosos. En este punto, la extirpación de la vesícula biliar se convierte en la única solución.

Como ha visto, si sufre los síntomas antes mencionados, tiene cuatro razones de peso para preocuparse de inmediato por el funcionamiento de su hígado. Así podrá evitar multitud de enfermedades, su digestión se repondrá, se deshará de todos los problemas causados por una mala digestión de las grasas y, por último, evitará la formación de cálculos biliares y se ahorrará una operación quirúrgica.

Estimular el funcionamiento del hígado y la secreción de bilis

La primera planta que hay que tomar es la alcachofa.

Se ha demostrado que la alcachofa tiene la propiedad de hacer aumentar la producción de bilis, hasta tal punto que está contraindicada para los casos de obstrucción de las vías biliares, porque estimular su secreción podría causar problemas graves. (2)

Conocida desde la antigüedad por sus efectos sobre la digestión, la alcachofa entra en la composición de muchos preparados tradicionales de la medicina europea pensados para estimular la producción de bilis. Hacia mediados del siglo XX, unos italianos aislaron de la alcachofa un compuesto que llamaron cinarina y que se empleó hasta la década de 1980 tanto para estimular el hígado y la vesícula biliar como para reducir los niveles de colesterol. A partir de entonces, la cinarina se sustituyó por medicamentos sintéticos.

¿Cómo tomar la alcachofa?

Tradicionalmente, los productos de herbolario a base de alcachofa se presentaban en forma de hojas frescas o secas, como zumo exprimido de la planta entera o como diferentes extractos líquidos o sólidos.

Hoy en día se pueden encontrar extractos estandarizados al 5% de concentración de cinarina y extractos secos de hojas de alcachofa en comprimidos o cápsulas.

Según una investigación llevada a cabo en 454 individuos y también según un estudio doble ciego con placebo sobre 244 pacientes, el extracto de alcachofa (640 mg al día en dos dosis) alivia los malestares de la digestión que están ligados a un mal funcionamiento de la vesícula biliar y del hígado. (3) (4)

Otra serie de estudios de gran alcance ha demostrado que la alcachofa reduce los problemas digestivos sin provocar efectos indeseados. (5)

Coma verduras amargas

Las sustancias amargas, como las de la alcachofa, la escarola, las endibias, las espinacas, el diente de león, la rúcula y el cardo mariano se utilizan en herboristería para tratar los problemas de la bilis.

Por lo general, este efecto positivo se atribuye a los flavonoides que contienen estas plantas.

El problema estriba en que las variedades que se seleccionan para su comercialización están cada vez más desnaturalizadas, porque el público ya no soporta el amargor como antaño.

Sin embargo, quizás tenga algo más de suerte y encuentre especies tradicionales no cribadas de estas plantas –y por lo tanto más amargas– si acude a una tienda de productos ecológicos.

El extracto de raíz de jengibre estimula la producción de bilis

La raíz de jengibre lleva mucho tiempo empleándose para facilitar la digestión. Está en cientos de recetas tradicionales chinas que buscan compensar con ella los efectos de ingredientes potencialmente tóxicos.

La raíz de jengibre contiene monoterpenoides, sesquiterpenoides y gingeroles, todos ellos con propiedades altamente antioxidantes y que ayudan al hígado a hacer su trabajo de descomposición de toxinas.

Varios experimentos han demostrado que el jengibre aumenta el nivel de enzimas colesterol-7-hidroxilasa, que estimulan la transformación del colesterol en ácido biliar, por lo que disminuye el nivel de colesterol en sangre y potencia la secreción de bilis.

El jengibre puede añadirse a casi cualquier plato o bebida que pueda imaginar. No es caro, puede conservarse varias semanas en la nevera y podrá, con el rallador, echarle una pizca a cualquier comida. Su sabor es muy agradable y fresco, y sus propiedades van más allá de la producción de bilis.

Fabrique un poco más de bilis

Y esto es todo por el momento. Estos consejos deberían ayudarle a que su organismo produzca más bilis, en el caso de que usted lo necesite. Su salud y su bienestar se verán favorecidos en todos los aspectos.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

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Las 8 reglas de alimentación del paleolítico que debemos recuperar

Eche un vistazo a su alrededor. Siempre que nos hablan de hacer dieta, el discurso viene acompañado de:

  • un libro que hay que comprar (o un CD o un DVD).
  • sesiones (de pago) a las que asistir.
  • alimentos de una marca en concreto (que debe comprar).
  • una máquina para hacer ejercicio (que debe comprar).

Y si no se está buscando directamente que compremos algo, es porque lo que estemos haciendo (escuchar la radio, ver la televisión o leer una revista o una página web), está plagado de publicidad por todas partes ¡para que compremos!

Así funciona el mundo. Pero ahora va a poder leer usted una opinión completamente desinteresada sobre las dietas.

La mayoría de las dietas se basan en el marketing, pero hay una que lo hace basada en la ciencia, y no es otra que la dieta paleolítica. Consiste en comer en la medida de lo posible lo mismo que nuestros antepasados antes del descubrimiento de la agricultura.

La agricultura, y por tanto el consumo de cereales, comenzó para la mayoría de la gente hace 5.000 años, lo que es extremadamente poco tiempo en la escala de la humanidad. Nuestros organismos no han podido aún adaptarse, si comparamos el periodo de tiempo que ha transcurrido desde entonces hasta ahora con los millones de años que nuestros antepasados cazadores-recolectores llevaban alimentándose de los animales que cazaban o pescaban y de fruta, verduras, huevos, frutos de todo tipo, semillas, raíces y algunas hojas, flores y brotes.

No tenían forma alguna de cosechar ni producir grandes cantidades de harina, por lo que comer mucho pan, pasta, galletas y pasteles era sencillamente imposible. Por su parte, los animales no se criaban a gran escala ni se alimentaban de maíz como ahora. Los pollos no picoteaban ni maíz ni pienso a base de soja, como ocurre hoy en día, sino que removían la tierra en busca de lombrices, semillas y verduras.

Así que partiendo de la forma de alimentarse de nuestros antepasados, le presento a continuación 8 reglas para comer bien y estar sano. Tenga en cuenta que, además, cumplir estas normas le hará alcanzar su peso ideal y, por tanto, le hará engordar si se encuentra demasiado delgado, y adelgazar si se encuentra demasiado gordo.

Regla nº 1: conozca la diferencia entre los glúcidos buenos y malos

Sin duda, este punto es clave, especialmente porque durante los años ochenta y noventa se nos insistió en que diferenciásemos entre azúcares lentos y azúcares rápidos, que hoy sabemos que era erróneo.

Por ejemplo, se nos enseñó que el pan, la patata y la pasta son “azúcares lentos”.

En realidad, estos tres alimentos se encuentran entre los que más rápidamente se transforman en glucosa en nuestro intestino. Suben nuestro nivel de azúcar en sangre casi tan rápido como el jarabe de glucosa puro, incluso estando elaborados a partir de cereales integrales. Su consumo aumenta el nivel de insulina y el almacenaje de grasas malas, sobre todo las grasas abdominales y viscerales, que son pésimas para la salud. Aumentan la resistencia a la insulina y pueden provocar diabetes y síndrome metabólico (este síndrome, que antes se conocía como “síndrome X” o “síndrome de Reaven”, se caracteriza por la intolerancia a la glucosa, resistencia a la insulina, hiperinsulinemia, aumento de triglicéridos, disminución del buen colesterol (HDL) sobrepeso u obesidad e hipertensión arterial).

La mayoría de los cereales contienen gluten, lo que puede producir una inflamación crónica y dañar el sistema intestinal, provocando una mala absorción de nutrientes esenciales (vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales) y por ello una potencial desnutrición. La desnutrición conlleva por su parte un riesgo alto de enfermedades crónicas.

Vayamos al grano: nuestro cuerpo y nuestro cerebro necesitan glúcidos, incluso podríamos decir que necesitan muchos glúcidos. Pero la mejor fuente de glúcidos son las verduras, en particular las de hojas, las coles de todo tipo, las verduras de raíz y tubérculos como el boniato. Tome verdura en cada comida. Si no sabe cómo prepararla, siempre puede cocinarla al vapor, acompañada de hierbas, especias, sal y pimienta y un chorrito de aceite de oliva.

Otras fuentes buenas de glúcidos son las frutas, en concreto los pequeños frutos rojos y oscuros. Opte siempre por piezas de fruta antes que zumos.

Por el contrario, los cereales, los glúcidos transformados de forma industrial (galletas, siropes, pasteles, dulces, barritas de cereales, chocolatinas, cereales del desayuno) y por supuesto el azúcar (blanco o moreno) se deben consumir lo menos posible.

Regla nº 2: tome proteínas y fibras en cada comida

Se debe favorecer el consumo de proteínas procedentes de fuentes de buena calidad, como la carne de vaca alimentada a base de hierba, los huevos ecológicos, el pescado y el marisco. Evite el pescado de piscifactoría y la carne de animales cebados a base de cereales.

Con respecto a la fibra, tome verduras frescas, ecológicas, tanto crudas como cocidas, ya que algunos compuestos antioxidantes se absorben mejor después de la cocción y algunos compuestos contra el cáncer se destruyen con el calor. Acompañe siempre las verduras con materias grasas, por ejemplo, un chorrito de aceite de oliva, que permiten absorber todavía más cantidad de polifenoles y antioxidantes.

Regla nº 3: desconfíe de los azúcares escondidos

La mayoría de los condimentos y salsas preparadas contienen azúcar o jarabe de glucosa. Por ejemplo, el kétchup, las vinagretas “ligeras”, la salsa rosa y, por supuesto, los helados y refrescos.

Lea las etiquetas de los productos. Los fabricantes tienden a añadir jarabe de glucosa por todas partes, ya es que extremadamente barato, los productos se conservan bien y su transporte es sencillo. Pero para usted, por el contrario, es un producto del que sin duda alguna debe huir.

Los edulcorantes artificiales que están a la venta plantean otros problemas. Son productos químicos que en general no tienen nada bueno que ofrecer a nuestro organismo, y más vale evitarlos también. El azúcar es adictivo, por lo que cuanto más se tome, más se va a querer. Pero la buena noticia es que a la inversa funciona de la misma manera, por lo que cuanto menos azúcar tome, menos lo tolerará y así, de forma natural, sin hacer ningún esfuerzo, querrá evitarlo.

Por el contrario, no hay ningún problema en añadir una gota de stevia en el café de la mañana, o cuando necesite un toque dulce en su plato.

Regla nº 4: evite las conservas y las botellas de plástico

Contienen bisfenol A o compuestos parecidos, que tienen efectos cancerígenos y que perturban el sistema hormonal.

Elija productos frescos o congelados.

Regla nº 5: coma huevos

Tome huevos y olvide lo que nos han contado sobre el daño que hacen las yemas. Sí, son ricos en colesterol, pero el colesterol de la sangre lo produce nuestro hígado a partir de la glucosa y apenas le influye el consumo de alimentos ricos en colesterol.

En cambio, la yema del huevo contiene antioxidantes, micronutrientes, vitaminas liposolubles y favorece la producción de hormonas que van a quemar el exceso de grasas.

En el desayuno, pruebe de vez en cuando a tomar unas verduritas pasadas ligeramente por la sartén con un poco de aceite, más dos huevos cocidos o en tortilla.

Regla nº 6: hierbas y especias por todas partes

Las hierbas aromáticas y las especias están cargadas de antioxidantes, mucho más incluso que gran parte de las verduras y frutas. Además, proporcionan buen sabor a la comida, reduciendo así la búsqueda de satisfacción gustativa en snacks, postres y caramelos.

El jengibre, la cúrcuma, el pimentón, la canela, el cardamomo o el comino van bien con un número increíble de platos. Pruébelas con todo, incluidas las sopas, ensaladas, carnes en salsa y platos de verduras.

Regla nº 7: evite los aceites de maíz, girasol, soja, cártamo, germen de trigo y semilla de uva

Estos aceites, ricos en ácidos grasos omega-6, tienen una calidad nutritiva pobre.

Opte mejor por el aceite de oliva y explore toda clase de vinagres para modificar los sabores de sus vinagretas.

Regla nº 8: aumente sus aportes en vitamina D

La vitamina D es el nutriente más importante. En España, pese a tener un clima en principio propicio para que se pueda producir una adecuada síntesis de vitamina D por exposición solar, el déficit de vitamina D entra dentro de lo alarmante. El mínimo necesario para estar sanos es de 30 nanogramos/ml y el nivel óptimo se sitúa entre los 50 y los 65 nanogramos/ml.

Las yemas de huevo, el pescado azul y las vísceras son las mejores fuentes alimenticias de vitamina D, pero casi nunca son suficientes. La única solución efectiva es exponer al sol todos los días al menos las tres cuartas partes de la piel y durante unos 20 minutos, pero incluso esto no es suficiente, ya que en nuestra latitud en invierno los rayos de sol son en cualquier caso demasiado oblicuos. Sólo un complemento alimenticio de vitamina D3 (como mínimo 4.000 UI al día para los adultos) le permitirá mantener el nivel adecuado.

Con estas ocho pautas de alimentación mejorará drásticamente su salud a través de la alimentación. Se trata de un plan de acción amplio, lo sé, pero comience introduciendo con calma todos los cambios que pueda en su estilo de vida.

Y de todas maneras, cuente conmigo para seguir acompañándole y para recordarle que debe cuidar de su salud.

¡A su salud!

Juan-M Dupuis

¿Quiere evitar el riesgo de romperse como si fuera de cristal?

La idea de que el calcio que consumimos se fija en los huesos es uno de los mitos más arraigados y peligrosos que existen en el campo de la salud.

En realidad, el calcio alimenticio no tiene ningún motivo para querer penetrar en los huesos…

Lo que hace, y muy a menudo, es mucho más sencillo: entra en la sangre y se deposita en las arterias. Allí se une al colesterol, a las plaquetas sanguíneas y a otros compuestos para formar una placa cada vez más rígida y gruesa a la que llamamos “ateroma” o “placa de ateroma”.

Cuando esta placa se expande, las arterias se vuelven (casi) tan rígidas como la caliza y usted parecerá, ojo al dato, ¡un arrecife de coral andante!

El cardiólogo le dirá que tiene aterioesclerosis y que puede morir de un infarto o de un ictus o accidente cerebrovascular en cualquier momento (lo que será cierto).

Le impondrá seguir una dieta aburrida a base de verduras cocidas y cereales integrales sin materia grasa, así como también tomar comprimidos de estatinas que producen dolores musculares y pérdida de memoria. También le dirá que haga deporte, lo que es extremadamente doloroso cuando se tienen las arterias “tocadas”. Y todo ello sin tener la mínima garantía de que sus problemas se solucionarán. Todo lo contrario; por lo general dicha dieta desembocará, tarde o temprano, en un bypass coronario, el implante de una endoprótesis y, posteriormente, la muerte.

Según un estudio aparecido en 2010 en la gran revista médica British Medical Journal, las personas que estuvieran tomando un suplemento alimenticio de calcio tendrían un riesgo mayor de sufrir un ataque al corazón. (1)

Y lo que es peor, durante ese tiempo los huesos estarían perdiendo más y más calcio, lo que los debilitan (osteopenia), volviéndolos después porosos (osteoporosis). Al menor golpe, corren el riesgo de romperse como un vaso de cristal en la zona de la muñeca o el cuello del fémur.

Por tanto resulta fundamental actuar lo antes posible para que el calcio alimenticio se redirija hacia el lugar adecuado. En otras palabras: que vaya a los huesos, y no a las arterias. Para entender cómo se puede evitar este terrible fenómeno, hace falta en primer lugar que le recuerde algunas ideas básicas que debe conocer sobre los huesos.

Nociones básicas sobre los huesos

Los huesos están formados por una matriz (es decir, una estructura) de colágeno sobre la que se fijan minerales. Piense en el hormigón armado: los hierros representan el colágeno y el hormigón representa los minerales.

El colágeno proporciona a los huesos flexibilidad. Los minerales (calcio, magnesio, fósforo, silicio) proporcionan solidez. Sin la estructura de colágeno, que es flexible, nuestros huesos se romperían fácilmente.

Las células de nuestro cuerpo se renuevan constantemente, incluidas las de los huesos. Las células viejas deben reabsorberse para dejar sitio a las nuevas. Para los huesos, las osteoclastas aseguran esta función, pues se van “comiendo” a las células viejas.

En el caso de las mujeres, las hormonas femeninas (los estrógenos) son las que controlan la actividad de las osteoclastas. Durante la menopausia, el descenso del nivel de estrógenos puede generar problemas: las osteoclastas se activan demasiado, destruyen demasiadas células óseas y los huesos se empiezan a parecer a las esponjas, llenos de pequeños agujeros.

La progesterona, otra hormona femenina, ayuda a producir nuevas células óseas, que llamamos osteoblastas, para llenar los agujeros creados por la reabsorción de las células viejas. Pero cuando se deja de ovular, la producción de progesterona ovárica cesa por completo, por lo que las osteoblastas funcionan entonces peor.

Para frenar la pérdida ósea, los médicos recomiendan a las mujeres consumir más productos lácteos, que son ricos en calcio, y tomar suplementos de calcio. Pero este calcio que contienen los alimentos o consumido en forma de suplemento alimenticio corre el peligro de depositarse en las arterias, como ya hemos visto, aunque también en los demás tejidos, provocando rigidez articular, cálculos renales (piedras en el riñón), cálculos biliares, y muchos otros problemas de salud.

La indispensable vitamina D

Tras haberse concienciado del problema, numerosos médicos recomiendan hoy en día tomar vitamina D para ayudar a asimilar el calcio.

Se trata de un paso en la buena dirección, ya que la vitamina D interviene ayudando al calcio y al fósforo a ser absorbidos por el intestino. Sin la vitamina D, después de haber recorrido el tubo digestivo, se irían directamente por el retrete…

Pero la acción de la vitamina D es doblemente importante, ya que además de ayudar al intestino a absorber el calcio y el fósforo, ayuda a los riñones a deshacerse de ellos, bajo los efectos de la hormona PTH (que es la hormona paratiroidea o parathormona, producida por las glándulas paratiroides y que regula la homeostasis del calcio y el fósforo). Fíjese sin embargo que esta segunda función es fundamental, ya que unas concentraciones demasiado altas en la sangre de fósforo y calcio de forma simultánea pueden provocar la formación de fosfatos de calcio, cristales que podrían obstruir los capilares (mini vasos sanguíneos que irrigan órganos y tejidos).

El problema entonces es el siguiente: una vez que el calcio ha pasado a la sangre gracias a la vitamina D, ¿qué hay que hacer para que no sea eliminado por los riñones (desapareciendo después con la orina), ni depositado en los tejidos, en particular en las arterias, sino para que de verdad se fije en los huesos?

Pues bien, la solución está en tomar, a la vez que calcio y vitamina D, vitamina K2.

La vitamina secreta que lleva el calcio a los huesos

La vitamina K2 es un cofactor que regula la unión de la osteocalcina con la hidroxiapatita, lo que da mayor solidez al hueso. La osteocalcina es una proteína producida por los osteoblastos encargados de regenerar el hueso.

En un estudio clínico controlado, 172 mujeres con osteoporosis se dividieron de manera aleatoria en cuatro grupos y las de cada uno de ellos recibieron diariamente y durante 24 meses: vitamina K2 (45 mg/día), vitamina D3, las dos vitaminas o bien un placebo.

Al cabo de 18-24 meses, la densidad mineral ósea era significativamente más alta en el grupo K2 que en el del placebo. Además, se comprobó que la asociación de las vitaminas K2 y D3 era más eficaz que cada una de ellas por separado. (2)

Estos resultados fueron confirmados por otro estudio:

De manera aleatoria se dividió en cuatro grupos a 92 mujeres con menopausia y edades comprendidas entre los 55 y los 81 años y se les suministró diariamente vitamina K2 (45mg), vitamina D (0,75 mcg), una combinación de las dos o lactato de calcio (2 g). Al cabo de dos años, la densidad mineral ósea de los grupos de vitamina K2 y vitamina D se había incrementado en comparación con la del grupo a base de calcio, mientras que el tratamiento combinado había actuado de forma sinérgica generando un aumento significativo de la densidad mineral ósea del 1,35%. (3)

No se olvide del resto de “ladrillos” necesarios para la construcción de los huesos

Aún así, deberá tener cuidado, porque para funcionar bien la vitamina K2 requiere un nivel adecuado de magnesio, silicio, ácido graso omega-3 y elementos esenciales (zinc, cobre y oligoelementos) que forman parte de la composición química de los huesos.

  • el magnesio se encuentra en gran cantidad en el trigo sarraceno, las almendras y el chocolate negro (recomiendo el chocolate con un 70% mínimo de cacao).
  • la vitamina C, en las frutas y verduras frescas.
  • el silicio se encuentra en la cola de caballo y la ortiga (esta solución se vende en tiendas ecológicas), así como en los pimientos, la alfalfa, la avena y los tomates.
  • los omegas-3 en los pescados azules, el aceite de coco, la verdolaga y los huevos de pollos alimentados con semillas de linaza.
  • los oligoelementos en el agua mineral.

Observe también que la K de la vitamina K2 procede de Koagulation (coagulación en danés, como homenaje al primer científico que habló de ella, que era de nacionalidad danesa), ya que coagula la sangre. Por eso, las personas que siguen un tratamiento con anticoagulantes (sintrón) no deben tomar entonces suplementos de vitamina K2.

Tire y empuje de sus huesos

Por último, es fundamental hacer ejercicio físico, es decir, ejercer tensión y presión sobre nuestros huesos. Porque los huesos, al igual que los músculos, se endurecen cuando se los somete a ejercicio regular. De esta manera, correr refuerza los huesos, mientras que nadar no tiene ningún efecto. Y cuando se está tirado en el sofá, los huesos se debilitan.

 
Juan-M. Dupuis

Piel, cabello y uñas: cómo regenerarlos desde el interior

Piel, cabello y uñas: cómo regenerarlos desde el interior

Muchas mujeres y un número cada vez mayor de hombres gastan cantidades asombrosas en productos de belleza para la piel, el cabello y las uñas.

En la mayoría de los casos, estos productos actúan sólo de manera superficial. No hacen más que camuflar problemas cuyo origen reside en desequilibrios internos. Y es que la piel, el cabello y las uñas son un fiel reflejo de nuestro estado de salud.

Si quiere realzar su brillo y luminosidad, primero es necesario que busque un equilibrio en su alimentación. También debería reforzar la acción de la queratina, un componente esencial tanto del cabello como de las uñas y de la piel.

La piel es el primer signo visible de nuestro estado de salud

La piel es un tejido que nos protege de las agresiones externas. Hace posible el mantenimiento de la temperatura corporal y protege músculos, huesos y órganos.

Una piel radiante suele ser el primer signo visible de un buen estado de salud y de una correcta alimentación, ya que un gran número de alteraciones de la piel son el resultado, en parte, de carencias nutricionales.

Un rostro envejecido (mejillas fláccidas, piel que cuelga bajo la barbilla) puede ser consecuencia de una carencia de zinc, de vitaminas C y D, y de aminoácidos, que aportan elasticidad al colágeno de la piel (fibras que forman el tejido que sostiene la piel).

La palidez de la piel puede ser signo de anemia (escasez de glóbulos rojos), generalmente por falta de hierro, aunque también puede deberse a una carencia de ácido fólico (vitamina B9), de vitamina B12, de cobre o de vitamina C.

Una piel seca suele ser indicio de una carencia de ácidos grasos poliinsaturados del tipo Omega-6, de vitamina A o de betacaroteno (el precursor de la vitamina A).

Desde hace unos años, hay investigadores que relacionan el acné con una alimentación rica en productos refinados. Los productos refinados poseen un índice glucémico elevado; es decir, provocan un aumento rápido del azúcar en sangre, lo que a su vez hace que aumente la producción de insulina. Unos niveles altos de insulina desencadenarían una serie de reacciones que desembocarían en la aparición del acné. (1)

El acné aparece también con frecuencia en casos de déficit de zinc y de vitamina A.

Causas de alteración de las faneras (cabello y uñas)

El cabello, los dientes, las uñas y el vello son faneras, es decir, estructuras complementarias de la piel, que se caracterizan por su elevada queratinización.

Tenemos cabellos que se aproximan al final de su ciclo (y están a punto de caer) y cabellos nuevos recién salidos del cuero cabelludo. Por tanto, es normal perder algún cabello diariamente, ya que están sujetos a un ciclo natural. Sin embargo, no es normal que perdamos más cantidad de cabello del que nos sale nuevo, y esto podría deberse a distintas causas.

En primer lugar, a causas hormonales.

En la mujer, especialmente durante el embarazo, la elevada producción de estrógenos permite tener una buena melena (tupida y brillante). Sin embargo, durante el parto se produce un inmenso desequilibrio hormonal que puede provocar una importante caída del cabello. De la misma forma, durante la menopausia, la disminución (y finalmente la interrupción total) de la secreción de estrógenos da lugar a un desequilibrio hormonal en favor de las hormonas androgénicas (testosterona), lo que se traduce en un cabello más frágil, más fino, de crecimiento más lento y con menos brillo.

En el hombre, la caída del cabello suele ir ligada a factores hereditarios, generalmente hormonales. Es la causa principal de la llamada alopecia androgénica. La caída del cabello se debe a una sensibilidad especial del folículo pilosebáceo a la disminución de la producción de dihidrotestosterona.

Los factores nutricionales también pueden agravar la caída del cabello o favorecer la aparición de caspa.

Hoy en día sabemos que todos los tipos de caída del cabello, incluso los de origen hormonal, pueden acelerarse o agravarse por una alimentación que no aporte suficientes micronutrientes, especialmente vitaminas del grupo B, vitamina C, vitamina D, hierro, zinc y aminoácidos.

La falta de vitamina B6 podría ser la causa de desequilibrios en la producción sebácea. El cabello graso y la caspa, por el contrario, son el resultado de una producción excesiva de sebo que favorece la proliferación de microorganismos (bacterias, hongos y levaduras) y provoca la descamación de la piel del cuero cabelludo y la producción de la caspa.

Con los cambios de estación, nuestro organismo debe adaptarse a grandes variaciones (luz, temperatura, humedad, etc.) que generan a su vez alteraciones hormonales.

Esto conlleva una aceleración del ritmo de renovación capilar (el cabello cae en grandes cantidades durante 4-6 semanas). En invierno, la lluvia, el viento y el frío, y en verano, el calor, la sequedad y la exposición solar, debilitan el cabello.

Teniendo en cuenta que el pelo que cae lleva muerto varias semanas, es imposible actuar directamente sobre la caída; sin embargo, sí podemos actuar en su repoblación. Así, deberemos incluir en nuestra alimentación todos los nutrientes necesarios para que el folículo encuentre en la circulación sanguínea todo aquello que necesita para crecer.

Como sucede con el cabello, las uñas también reflejan nuestro estado de salud. La falta de hierro, magnesio y vitaminas A, B5, B8 y E crea problemas que les afectan: deformaciones (aparición de fisuras o huecos), aspecto arcilloso, alteración del color (color amarillento, azulado o pálido), desdoblamiento y uñas quebradizas.

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El 10% de la población toma medicamentos contra el colesterol, pese a que estos medicamentos provocan efectos secundarios potencialmente graves. Sin embargo, existen soluciones naturales que funcionan incluso para las personas que ya han sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV). Descubra más en este vídeo.
Continúa el e-letter de hoy:

Equilibrar la alimentación e impulsar la acción de la queratina

Una alimentación basada en el consumo de frutas con escaso contenido en azúcar, legumbres crudas y alimentos ricos en proteínas animales como la carne, las aves y el pescado, cocinados a baja temperatura, le proporcionarán los nutrientes esenciales que el organismo necesita para regenerar su piel, su cabello y sus uñas (betacaroteno, vitamina A, vitaminas B, zinc, silicio, aminoácidos sulfurados, ácidos grasos poliinsaturados…).

No obstante, en algunos casos (problemas hormonales o agresiones externas), restablecer el equilibrio alimentario no será suficiente. Si así fuera, los suplementos alimenticios podrían desempeñar una función decisiva en la regeneración de la piel y las faneras.

Hoy en día, algunos productos incluso permiten reforzar la acción de la queratina, proteína utilizada como componente principal de la piel, el cabello y las uñas, y que les aporta firmeza.

La Cynatina HNS es una proteína natural que se encuentra en el organismo y hace hidrosoluble la queratina. Los científicos han desarrollado una forma de queratina soluble y asimilable: la Cynatina HNS (no confundir con los productos a base de queratina hidrolizada a la venta en salones de belleza y cuyo efecto es meramente cosmético).

El proceso de fabricación de la Cynatina HNS consiste en hacer asimilable la queratina natural para que resulte digerible y soluble al 100 %. Para ello se aumenta la polaridad de los péptidos (un grupo de aminoácidos), así como la proporción de cisteína soluble y biodisponible. Dicha proporción puede igualmente llegar al torrente sanguíneo sin cambiar su forma o su contenido en aminoácidos naturales (con una biodisponibilidad del 96 %).

Tres estudios clínicos doble ciego llevados a cabo recientemente en un grupo de 50 mujeres americanas han demostrado científicamente la eficacia de la Cynatina HNS para ayudar a reparar los daños en el cabello, las uñas y la piel:

  • Cabello: la Cynatina HNS puede crear uniones con el cabello. Se ha demostrado que su uso diario permite reducir la pérdida del cabello durante los lavados y mejorar su resistencia, luminosidad y brillo.
  • Uñas: al igual que con el cabello, la Cynatina HNS puede crear uniones con las uñas y conferirles una mayor resistencia, elasticidad e hidratación.
  • Piel: los estudios clínicos realizados han demostrado una disminución de las arrugas y líneas de expresión, favoreciendo la firmeza y elasticidad de la piel y mejorando la estructura proteica y la hidratación. Permite atenuar las rojeces o la inflamación, bloqueando la producción de PGE2 (prostaglandinas proinflamatorias). Mejora la luminosidad y el brillo de la piel gracias a sus propiedades antioxidantes naturales y a su capacidad para favorecer la superóxido dismutasa (SOD) y la producción del glutatión (un antioxidante esencial).

Estos estudios también han permitido confirmar la inocuidad de la Cynatina HNS, así como su eficacia, tanto para uso femenino como masculino.

Una fórmula completa para revitalizar su piel, su cabello y sus uñas

En su farmacia, parafarmacia, herbolario o tienda de productos de salud natural podrá encontrar fácilmente productos para piel, cabello y uñas que asocian los nutrientes esenciales con elementos beneficiosos para la salud (vitamina C, zinc, etc.).

En cambio, todavía existen pocos productos que asocien la Cynatina HNS a dichas vitaminas y oligoelementos.

François Mercier

Miel de manuka: muchas virtudes

Miel de manuka: muchas virtudes (a un precio alto)

Yo no tengo colmenas ni tampoco vendo miel. Al igual que a usted, me tocará desembolsar la cantidad exorbitante de 30 euros o más si quiero comprar un tarro de miel de manuka.

En internet, por supuesto, se encuentran vendedores que ofrecen tarros por un precio menor, si bien antes de sacar la tarjeta de crédito compruebe qué es lo que contienen realmente. El tamaño que aparece en la pantalla no debe confundirse con el real, y por 15 euros se arriesga a encontrarse con un tarro parecido a esas pequeñas mermeladas de los buffet del desayuno de los hoteles que apenas dan para una tostada.

La miel de manuka es un producto selecto dorado y untuoso de propiedades terapéuticas y con mil virtudes para la salud. Originaria de varios bosques de Nueva Zelanda, la miel de manuka tiene propiedades medicinales conocidas por los indígenas maoríes desde tiempos inmemoriales. Sus propiedades antibacterianas la convirtieron en un producto de uso muy generalizado contra las infecciones hasta la Primera Guerra Mundial. La aparición de los antibióticos la relegó al olvido durante décadas, hasta que la ofensiva mundial de las bacterias resistentes a los antibióticos la ha traído de nuevo a escena.

Y aquí, antes de pasar a hablarle de la miel de manuka, no puedo dejar de mencionar el informe que acaba de presentar la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la resistencia a los fármacos antimicrobianos y en particular a los antibióticos, alertando de cómo esta amenaza ya es una realidad en todos los países del mundo. Y es que muchos fármacos habitualmente utilizados para combatir determinadas bacterias (muchas de ellas potencialmente mortales) simplemente han dejado de funcionar. (1)

El mundo está abocado a una era posantibióticos en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”. No lo digo yo, sino que lo ha dicho el Dr. Keiji Fukuda, Subdirector General de la OMS para Seguridad Sanitaria, al presentar el informe. Al margen de las medidas que tomen al respecto los Gobiernos y las autoridades sanitarias, este informe nos debe hacer reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad en el uso de los antibióticos. Y es también el momento de mirar con mayor interés las posibilidades que nos brinda la medicina natural, deonde la miel de manuka puede tener un espacio interesante en nuestro particular botiquín.

¿Qué es exactamente la miel de manuka?

Esta miel se elabora en muy pequeñas cantidades, ya que la manuka sólo florece seis semanas al año, lo que apenas deja tiempo a las abejas para recolectar el néctar necesario para producir miel. Además, necesita colmenas especiales que tienen un coste muy alto. Todo ello explica su desorbitado precio de venta.

La miel de manuka es una miel monofloral cuyo nombre procede del arbusto del que liban las abejas, la manuka (Leptospermum scoparium en lenguaje científico).

La planta es originaria de Nueva Zelanda, pero ante el éxito de la miel hoy en día también se cultiva en Inglaterra y Estados Unidos.

Manuka (de la palabra maorí “mānuka”) es el nombre que se utiliza en Nueva Zelanda para nombrar a la planta de la que surge la miel de manuka, y “árbol de té” es el nombre que para esa misma planta se emplea en Australia y también en algunos lugares de Nueva Zelanda. Pero tiene que tener mucho cuidado cuando vaya a adquirir miel de manuka bajo el nombre de “árbol de té” para tener la seguridad de que realmente se trata de miel de manuka, dado que con el nombre de “árbol de té” también se conoce al árbol australiano Melaleuca alternifolia. Y es que se cuenta que el capitán James Cook (el navegante, explorador y cartógrafo británico) y su tripulación, cuando llegaron a Australia en el s. XVIII, utilizaban las hojas de estas dos plantas para obtener una infusión que sustituyera a su añorado té, por lo que al final las dos plantas han llegado a tener el mismo nombre, pese a ser distintas.

Tenga también en cuenta que no todas las mieles de manuka tienen las mismas propiedades medicinales. La que merece un sitio en su botiquín es la que contiene un nivel alto de “activos”, enzimas que crean reacciones químicas especiales en la miel.

Dicho nivel se mide y certifica en los laboratorios y permite atribuirle la etiqueta UMF (Unique Manuka Factor), que garantiza las cualidades terapéuticas de esta miel.

Cuanto más alto sea el grado del factor UMF, mayor es su actividad antibacteriana. La miel de manuka con grado de 10+ a 18+ es la más utilizada para uso médico. Hay que tener en cuenta que no todas las personas toleran igual un alto grado de UMF; por ejemplo, la miel de manuka de grado 30+ a algunas personas les produce hipersensibilidad, picores o enrojecimiento de la piel.

El profesor Peter Molan, de la Unidad de investigación sobre la miel de la Universidad de Waikato en Nueva Zelanda, afirma que “la manuka tiene un marco de actuación muy amplio; actúa sobre las bacterias, las levaduras (hongos) y los protozoos (pequeños organismos que viven en el agua y que pueden provocar la malaria y algunas disenterías). No hemos encontrado ningún organismo infeccioso sobre el que no tuviera algún tipo de efecto”. (2) (3)

¿Por qué es tan potente?

Aplicar cualquier tipo de miel sobre una herida tiene efectos positivos. En primer lugar, la miel provoca un efecto osmosis, dado que el azúcar de la miel atrae a las partículas de agua que se encuentran en la herida, privando así a las bacterias de un elemento esencial para su crecimiento y supervivencia e impidiendo que se reproduzcan y extiendan. En segundo lugar, la miel contiene peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) que posee un efecto antibacteriano. Las abejas depositan en la miel una enzima que en contacto con el agua convierte el azúcar y el oxígeno en ácido glucurónico y peróxido de hidrógeno, que también mata a las bacterias.

Uno de los usos más llamativos de la miel de manuka es el de la prevención del SARM en las heridas. El SARM es el temido Staphylococcus aureus resistente a meticilina, que provoca septicemias (infecciones generalmente mortales), cada vez más habituales en los hospitales.

Pero la miel de manuka tiene algo más. Según el profesor Molan, esta miel posee una actividad antibacteriana que el resto de mieles no tiene, algo que procede del néctar de la planta y que es diferente.

El sorprendente descubrimiento del profesor Molan

Tras una epidemia de SARM en el hospital más grande de Nueva Zelanda, en Waikato, el profesor Molan realizó un sorprendente descubrimiento. Solicitó al personal sanitario que aplicara a todos los pacientes que tuvieran heridas infectadas apósitos impregnados en miel de manuka, lo que permitió detener la epidemia y curar las heridas de todos los pacientes infectados.

Hoy en día, cuando se detecta SARM en un paciente, en lugar de aislarlo, simplemente se le aplica miel en las heridas. No se ha vuelto a dar ningún caso de contagio jamás”, según cuenta. “También hemos probado la manuka con otras bacterias peligrosas y todas son muy sensibles a ella”.

Sin embargo, según él, el uso de esta miel no se justifica únicamente para luchar contra las bacterias. Recomienda aplicarla en todo tipo de heridas para que cicatricen rápidamente.

Y es que las enzimas activas en la miel evacuan las células muertas de las heridas, dejando la zona limpia para la regeneración de los tejidos. En comparación con los tratamientos clásicos que tienen éxito en el 50% de los casos, la revista científica European Journal of Medical Research ha comprobado que la manuka tiene un índice de éxito del 85% en el tratamiento de los casos de infección tras una cesárea o una histerectomía (extirpación del útero). Además, la miel estimula el crecimiento de capilares (pequeños vasos sanguíneos) y ayuda a producir fibras de colágeno que aceleran la cicatrización.

Por último, la miel de manuka tiene un pH que oscila entre el 3,2 y el 4,5, lo que resulta un nivel bajo para inhibir el desarrollo de numerosos microbios patógenos.

Estas características le valieron para que en 2004 el servicio nacional de salud del Reino

Ponifenoles

Dos estudios confirman que tomar alimentos con polifenoles reduce la mortalidad

Agencia EFE – Hace 2 horas 35 minutos

 

Barcelona, 18 may (EFE).- El consumo de alimentos ricos en polifenoles, como el vino o las semillas, baja el riesgo de mortalidad, mientras que el consumo de aceite de oliva virgen reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, según dos nuevos estudios universitarios sobre la dieta mediterránea.

El primer estudio, coordinado por Rosa M. Lamuela, directora del Grupo de Investigación de Antioxidantes Naturales de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona (UB), y en el que han participado también investigadores de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, ha certificado las bondades de los alimentos con polifenoles.

El segundo trabajo, realizado también por el mismo grupo de la UB, coordinado en este caso por el profesor de la URV Jordi Salas Salvadó, demuestra cómo el consumo de aceite de oliva virgen extra reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares en personas con un riesgo alto de sufrir este tipo de enfermedades.

La investigación liderada por Lamuela forma parte de la tesis doctoral de Ana Tresserra, que volvió a analizar los resultados del estudio PREDIMED, realizado con personas de entre 55 y 80 años con alto riesgo cardiovascular.

En este nuevo análisis, la investigadora encontró que las personas con una dieta rica en polifenoles tuvieron una reducción significativa en la mortalidad por cualquier causa, no sólo debida a enfermedades cardiovasculares.

También observó que ciertos polifenoles están asociados con efectos protectores frente a la mortalidad, específicamente los estilbenos y los lignanos.

Los estilbenos se encuentran en la piel de la uva y se concentran en el vino tinto, mientras que las aceitunas, el aceite de oliva virgen, las semillas de lino, las semillas de sésamo y los cereales integrales contienen altos niveles de lignanos.

“En otras poblaciones estudiadas con anterioridad, el consumo de cualquiera de los alimentos ricos en polifenoles no era suficiente por sí mismo para reducir la mortalidad, pero en nuestro estudio el consumo total de polifenoles fue más amplio, proveniente de diversas fuentes de alimentación”, ha explicado Lamuela, que también es investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

“Los datos de nuestra investigación -según Lamuela- apoyan la hipótesis de que una mayor ingesta de polifenoles, con las muchas subclases de polifenoles que esto representa, sirve para aumentar la esperanza de vida a través de muchos factores diferentes”.

El otro trabajo en el que han participado los investigadores de la UB se ha centrado en los efectos del aceite de oliva.

Aunque la asociación entre el consumo de este producto y el riesgo de enfermedades cardiovasculares se ha estudiado en numerosos trabajos, pocos han analizado los diferentes tipos de aceite de oliva.

La investigación realizada en el marco del estudio PREDIMED ha encontrado que un aumento de 10 gramos por día en el consumo de aceite de oliva virgen extra está vinculado con una reducción del 10 % en el riesgo de enfermedad cardíaca y muerte cardiovascular.

El aceite de oliva virgen extra es de mayor calidad que el aceite de oliva común y tiene más acidez y polifenoles, que proporcionan beneficios cardiovasculares.

“Aunque es difícil aislar el efecto de un solo ingrediente, nuestro estudio fue capaz de distinguir los efectos cardiovasculares atribuidos al aceite de oliva, un alimento que es un componente clave de la dieta mediterránea”, ha explicado Jordi Salas Salvadó, coordinador del estudio y director de Nutrición Humana en la URV.

PREDIMED es un estudio de intervención nutricional multicéntrico que evaluó el efecto de la dieta mediterránea en la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares en más de 7.000 personas de entre 55 y 80 años durante un promedio de cinco años.