Navegar / buscar

En Francia, grupos clandestinos se dedican a combatir el consumismo

Si una sociedad basada en el mito de la productividad (y en la realidad del beneficio) tiene necesidad de hombres a medias -fieles ejecutores, diligentes reproductores, dóciles instrumentos sin voluntad-, quiere decir que está mal hecha y que hace falta cambiarla. Para cambiarla se requieren hombres creativos, que sepan usar su imaginación.

Gianni Rodari
(La Gramática de la Fantasía. Introducción al arte de inventar historias).

La guerrilla antipublicitaria

Están organizados como comandos. Van por las noches a dañar avisos en lugares públicos. Son la “resistencia antipublicidad”. Buscan dar pelea al neoliberalismo por fuera de los partidos. Tienen un “brazo armado” que lleva a cabo las acciones clandestinas, pero también uno “político” que participa en las campañas visibles.

La mujer esperó hasta último momento. Miró a su alrededor con ojos felinos y en cuanto la puerta del Metro se cerró extrajo sus dos armas de la cartera. Se acercó al cartel de publicidad gigante que promocionaba un tour de sueño a México y escribió con letra prolija, sirviéndose de una de sus dos “armas”, un enorme marcador negro: “Esto puebla el espacio de nuestros sueños y es todo mentira”. Apenas concluyó se desplazó al cartel de al lado y, sobre el musculoso estómago de un modelo masculino que llevaba puesto un calzoncillo, anotó: “Lávate más seguido, hueles mal”.

En poco más de un minuto la mujer desfiguró los cuatro cartelones de la estación. Luego se sentó con una expresión de ángel recién llegado del paraíso. No debía tener más de 30 años, estaba vestida con un traje oscuro, usaba anteojos espesos y caminaba con aire de monja. Claire, fuera del Metro y de los espacios donde llevaba a cabo sus acciones, no se parecía en mucho a la militante subterránea que transforma su apariencia para pasar desapercibida y gozar de la mayor libertad posible. Es miembro de uno de los temidos comandos de la RAP, Resistencia Anti Publicidad. En Francia son un auténtico ejército de anticonformistas agrupados en varias asociaciones cuyo principal propósito consiste en dañar las publicidades, escribir contra propuestas sobre los carteles e inducir al público a rebelarse contra esa forma “impuesta” de consumo que ellos llaman, con amplia razón, contaminación visual. RAP, los Anti-Pub, los Rompe-Pub, BAP (Brigada Anti-Pub), los “movimientos no conformistas”, son una de las expresiones más originales y organizadas en un país extremadamente controlado por el Estado.

“Es una forma de acción política visible, sin discursos vacíos”, explica Antoin, un “brazo armado” de Resistencia Anti-Publicidad, RAP. Aunque el gran público no se suma a sus acciones, la sociedad no es sorda a esos mensajes de una ironía lúcida y destructora, muchas veces llenos de nostalgia y de poesía urbana, con que los anticonsumo cubren las campañas oficiales. Sus operaciones abarcan una amplia gama de “blancos”: desde hacer borrones en cuantos carteles publicitarios aparecen por las calles hasta desinflar los neumáticos de los autos todoterreno, los 4×4 que, según ellos, tienen por vocación circular en el campo “pero ahora están invadiendo las ciudades”. Existe incluso un grupo autodenominado “Los desinfladores” que se encarga exclusivamente de pinchar las gomas de los todoterreno. Y eso no es todo. Los ejércitos del “no” suelen organizar boicots de determinados productos y también celebrar parodias de misas en plena calle en una imaginaria “Iglesia del muy Santo Consumo”.

Ningún campo les está proscrito. Oriundos de la pequeña burguesía culta, pero con el corazón y las neuronas a la izquierda, estos militantes del rechazo interpelan a la sociedad diciendo en voz alta lo que todo el mundo piensa en voz baja. Y como están siempre al acecho de una acción donde sea posible decir “no”, no es extraordinario verlos “trabajar” junto a los ecologistas en una de esas memorables jornadas de protesta donde puede pasar cualquier cosa. Hace unos días hicieron causa común con los ecologistas participando en una jornada de “desenvolvimiento” que se llevó a cabo en 45 ciudades de Francia. Los comandos se presentaron en los grandes centros comerciales, compraron un montón de productos y una vez que los pagaron los desenvolvieron dejando las cajas tiradas por el piso.

El objetivo consistía en demostrar que la sociedad de consumo “sobre envuelve” los productos. El operativo contó con el visto bueno de los centros comerciales, también hastiados de ver sus estanterías abarrotadas de cajas gigantescas que, al final, contienen cosas pequeñas. “Queremos sensibilizar a la opinión sobre la acumulación de desechos de envoltorios. Esta es la mejor manera”. Las estadísticas les dan la razón. Los envoltorios, cajas, cartones, bolsas, representan 30% del peso de la basura que se arroja y 50%en volumen. En el transcurso de los 10 últimos años, el espacio que ocupan los envoltorios se incrementó en 25%.

La acción de protesta “social” más reciente consiste en entregarle a César lo que es del César. En Francia, el correo se recibe en unos buzones que, en la casi totalidad de las casas, se encuentran en el pasillo de entrada de los edificios. Los honestos ciudadanos que se levantan por la mañana recogen sus cartas y con ellas una pila de publicidades y folletos de todo tipo. Eso se llama “la contaminación buzonera”. ¿Cómo responder a esa “agresión”? La BAP (Brigada Anti-Publicidad) invitó a todos los ciudadanos cansados de ver sus buzones convertidos en tachos de basura a conservar preciosamente cada papelito. El próximo 10 de diciembre, los habitantes de las ciudades están invitados a poner las consabidas publicidades y folletos en el mismo buzón del correo central. “Ellos nos llenan nuestros buzones, nosotros se los llenamos a ellos”, dice la BAP. No se trata sólo de protestar contra la contaminación papelera sino también de denunciar el costo exorbitante de esos folletos: “La producción de esas publicidades repercute en el precio de los artículos y, a través de las tasas locales, pagamos el doble mediante el tratamiento de la basura y la degradación ecológica del medio ambiente: bosques transformados en montañas de papel en total desprecio de la biodiversidad: contaminación de las aguas y de los suelos con los aditivos químicos utilizados”.

La BAP y la RAP intentan intervenir desde muy temprano oponiéndose al ingreso de la publicidad en las escuelas. La campaña nacional, llamada “una escuela sin marcas”, apunta a alejar de los establecimientos escolares todas las publicidades que ingresan de manera disfrazada a pesar de la prohibición existente. Cada uno de estos operativos articulados en torno de acciones lúdicas busca poner en tela de juicio los criterios de una sociedad de consumo cuya única referencia parece ser la tasa de crecimiento. Estos comandos del anticonformismo, que impugnan la publicidad, la televisión y las modas, anhelan “militar a la izquierda del tablero, pero fuera de la maquinaria de los partidos”, según explican al unísono Claire y Antoine. Su sueño es una sociedad donde los paisajes, incluso los urbanos como los pasillos del Metro, no estén abarrotados de proclamas y de interpelaciones, de tentaciones inútiles, de convocatorias a comprar y comprar como si consumiendo se alcanzara la felicidad. Para ellos, la “tiranía de las marcas” no consiste tanto en el deseo que suscitan sino en la ilusión que provocan, ilusión que hay que colmar con una nueva ilusión, que es otro producto y más y más y más. Sebastien Darsy, autor de un bello ensayo sobre el tema, La era de los antipublicidad, destaca que “todos cuantos se oponen al neoliberalismo convergen en la lucha contra la publicidad. Esta es percibida como el motor del sistema capitalista actual”.

Desde luego, sobra precisarlo, casi no hay un solo antipub que circule en auto. La bicicleta es su instrumento de lucha y Velorution la asociación que organiza las acciones a pedal: “No a la multiplicación de los scooter y las motos. Hay que prohibir la circulación, no la respiración”. Su lema más fuerte enuncia: “Hágales un regalo a las generaciones futuras. Abandone su auto”. Si las acciones de estos grupos se basan en el humor, sus críticas a la sociedad son tan agudas como acertadas. La RAP, por ejemplo, denuncia “el encarcelamiento” al que las publicidades someten a los futuros consumidores. Para ello da un buen ejemplo. En el correo del populoso barrio parisino Bonne Nouvelle, las colas son enormes. Poco personal, demasiados clientes. ¿Qué solución aporta el correo francés? Dice la denuncia del RAP: “Desde agosto de 2005, el correo del Boulevard Bonne Nouvelle consta de tres pantallas de plasma sonoras que difunden publicidad. En vez de solucionar el problema de las colas y las largas esperas, el correo (PTT) las rentabiliza”.

Las asociaciones están organizando una manifestación de payasos y para ello invitan a quienes quieran participar a crear un “ejército de payasos”. Se trata de reírse un poco de todo lo que dicen las publicidades y los directivos de las empresas, como el presidente y director general de la constructora de aviones Airbus. Cuando asumió su puesto dijo: “Mi patria es Airbus”.

Eduardo Febbro
desde París